6 de julio de 2026

La identidad y responsabilidad en la era digital

Cotidianamente, experimentamos una intromisión cada vez más fuerte y descarada de lo público, en lo personal e íntimo; cada día, ponemos en nuestras vidas más objetos que nos observan, nos juzgan y nos analizan.

Hemos abierto las puertas al mundo al aceptar aquello que nos va facilitando la vida, aquello que nos estudia y nos va haciendo más accesible y fácil todo aquello que manifestamos nos agrada.    

Lo que podemos adquirir con nuestras posibilidades económicas, nos hace expandirnos y nos va dulcificando los errores, poniéndolos como pequeñas licencias que podemos darnos, así, nuestra responsabilidad va perdiendo los límites de control y paz, entrando en la irracionalidad del placer animal que somete nuestra inteligencia.

La tecnología irrumpe nuestra identidad, convirtiéndola solo en una serie de variables que puede manipular, para guiarla al consumo y hacerla lo mas semejante a la comunidad, buscando que se pierda la originalidad que Dios le ha dado a cada uno, así, poder hacer tendencias y modelar perfiles que se puedan dirigir y controlar en forma común. 

Porque es responsabilidad nuestra poner los límites necesarios, para que la tecnología no trasgreda nuestra voluntad, no invada nuestra conciencia y, mucho menos, domine y controle nuestra razón.

No es culpa de los avances tecnológicos, ni tampoco de las facilidades que nos ofrece la ciencia, sino de nuestra propia conducta, que se deja manipular por las voluntades mundanas que, a base de tentaciones, que se adaptan a nuestras aficiones y gustos, van relajando y  debilitando nuestra voluntad y conciencia, hasta someterla a las guías  de consumo y vida  que impone la voluntad mercantil, que existe detrás de la tecnología que consumimos o que nos consume.

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