Amor Activo 7
Nuestra querida madre, Conchita Cabrera de Armida, nos legó un tesoro vivo, directamente del corazón de Jesús. En una de sus obras, «Amor Activo», nos revela las virtudes esenciales para abrazar la Espiritualidad de la Cruz. Hemos contemplado algunas y, hoy, nos adentraremos en la riqueza del silencio, el recogimiento interior y la belleza de la modestia. ¡En este mundo, que tanto nos atrae hacia lo material y lo virtual, qué desafío tan profundo se nos presenta para aquietar el alma, encontrar nuestro centro y despojarnos del afán de protagonismo y dominio!
Con profunda sabiduría, Jesús revela a Conchita el origen divino de virtudes transformadoras: el silencio, el recogimiento y la modestia brotan de la tierra fértil de la humildad, se fortalecen con el sacrificio amoroso y alcanzan su plenitud, floreciendo y perdurando en la constante presencia de Dios. Así como Cristo se abandonó por completo a la voluntad del Padre, aceptando incluso la cruz, el amor divino también da luz al celo por las almas, al amor fraterno, al dolor que desgarra el corazón ante las ofensas a Dios y al anhelo ferviente de su mayor gloria.
Con el alma anhelante, Conchita suplica al Señor que nos tome de la mano para caminar juntos, sin desviar nuestros pasos, para que, sostenidos por su gracia divina, vivamos inmersos en la santa alegría de cumplir su santísima voluntad.
Con profunda gratitud, recordamos las palabras iluminadoras del Padre Fernando Artigas, M.Sp.S., en la celebración de la Vigilia Pascual: Al partir el pan y pronunciar la consagración, Jesús nos legó un mandato divino: «Haced esto en memoria mía». Es la voluntad amorosa del Señor que nos entreguemos y nos compartamos con nuestros hermanos, anhelando un mundo tejido con lazos de fraternidad y equidad. Que el silencio del corazón, el recogimiento del alma y la humildad de espíritu nos guíen en la construcción de la justicia, la paz y la igualdad, frutos preciosos de estas virtudes.
Que la luz del Señor nos acompañe, en este tiempo de Pascua, preparándonos para renovar nuestra fe y abrir nuestros corazones al poder transformador del Espíritu Santo, para recibirlo plenamente, como los apóstoles, en Pentecostés.
Referencias:
Cabrera, C. (2000). Amor Activo. Obras Completas. Tomo 1. México: Editorial La Cruz, S.A. de C.V.
