Parte (1/3)
La movilidad social es la capacidad que tienen las personas para cambiar su condición socioeconómica en relación con el hogar donde nacieron. En una sociedad justa y meritocrática, el talento, la disciplina y el esfuerzo individual deberían ser los motores principales del bienestar. Sin embargo, en México, la evidencia demuestra que el origen en el que uno nace determina, en gran medida, el techo al que se puede aspirar.
Los estudios del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), revelan una profunda rigidez social en nuestro país. En México, la condición de origen no es solo un punto de partida, sino una condena o un privilegio hereditario.
Supongamos que toda la población de México está distribuida en un edificio de 5 pisos, donde el 1 es el más pobre y, el 5, el más rico.
El peso del origen: 50% de las personas que nacen en el piso1 jamás logran salir de él en toda su vida adulta.
La trampa de la pobreza: Si se consideran juntos el piso 1 y 2 de la población con menores recursos, el 78% de quienes nacen en el piso 1 no logran llegar al 2. Es decir, casi 8 de cada 10 personas permanecen atrapadas en la precariedad. Solo el 2% de las personas nacidas en el piso más bajo logran escalar hasta el piso 5 superior de ingresos.
La brecha regional: Mientras que, en el norte del país, el 37% de quienes nacen en la base socioeconómica permanecen allí, en la región sur, esta cifra se eleva al 64%.
Desigualdad de oportunidades: Al menos el 48% de la desigualdad económica en México se explica por factores fuera del control del individuo, como el origen socioeconómico de sus padres, la región donde nació, su género o su etnia.
Continuará…
