1 de octubre de 2026

La Comunión de lo Efímero

Octubre nos trae un recordatorio. Los días se hacen más cortos, algunas hojas empiezan a caer y, aunque en la CDMX a veces casi no lo notamos, la naturaleza vuelve a decirnos algo que preferimos olvidar: todo pasa. Las flores se marchitan, los animales mueren, los ríos cambian su cauce y nosotros también un día dejaremos de estar aquí.

Pero que la vida sea efímera no significa que sea insignificante. Quizá sea justo al revés. Lo que dura poco nos obliga a mirar mejor.

Esta columna de Ecología Mística nace de esa mirada: descubrir que la Creación no es simplemente el escenario donde transcurre nuestra vida, sino una comunidad de la que formamos parte y en la que Dios se revela constantemente. Thomas Berry lo expresó de una manera sencilla y grandiosa: “El universo es una comunión de sujetos, no una colección de objetos”.

Eso cambia la manera en la que vemos las cosas. Un río deja de ser solamente agua que podemos usar. Un bosque no es únicamente madera. Un animal no es una cosa distante. Y quizá también el extranjero deja de ser tan extranjero. Los recursos naturales dejan de ser recursos y se vuelven hermanos, los extraños se vuelven cercanos.

Estamos viviendo una época que vuelve a levantar fronteras, reales y mentales. Naciones, ideologías, intereses. Algunas barreras tienen una razón práctica, claro, pero se vuelven peligrosas cuando nos hacen olvidar algo más elemental: antes que cualquier nacionalidad somos seres humanos, habitantes de una misma Tierra, miembros de una comunidad que incluye también animales, bosques, mares y ríos. Y la invitación es a evolucionar y sobrepasar esas barreras artificiales de nuestra visión.

Hay alegría en reconocernos así. No una alegría ingenua, sino esa extraña alegría de sentirse parte de algo inmenso: la Creación de Dios. Caminar entre árboles, escuchar pájaros, mirar el cielo de la tarde y saber que por un momento pertenecemos. Que estamos en casa.

Tal vez esa sensación de comunión sea apenas un anticipo. Una pequeña experiencia de algo que un día comprenderemos más plenamente: que nada vive completamente separado y que, en medio de esa red de vida que nace y muere, Dios sigue derramándose, llamándonos a participar, cuidar y celebrar.

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