Bendita Cruz de celestial belleza,
dulce imán que las almas enamora,
salve, cruz en que brilla la realeza
del corazón, a quien mi pecho adora.
No anhelo más consuelo ni dulzura,
que no destilen de su augusta mano,
sumergida en “el mar de su amargura”
¡imprima en mí su sello soberano!
Quiero clavarme en ti, con el Amado,
que por trono perenne te escogiera
para abrir en el mundo su Reinado.
Sea mi dicha morir en esa hoguera
y ser “amor-dolor” que Él ofreciera
en su Sangre Divina transformado.
