2 de noviembre de 2026

Cuando la vida se vuelve plena

Al hablar de la plenitud de la vida, nuestra imaginación se proyecta a la edad en que empieza la vida plena, llena de oportunidades y nuestra capacidad de enfrentarlas y sacar de ellas lo mejor.

Quizás, a la edad adulta, la consolidación de nuestros esfuerzos nos lleva a una vida con la capacidad de ascender y mantener el entorno familiar en forma tranquila y continua.

Sin embargo, tal vez no llegamos a alcanzar la plenitud a la que estamos llamados por Dios a ser: quizás, porque nos conformamos con los logros que hemos acumulado y la trayectoria que hemos construido; quizás, la madurez que hemos alcanzado ya nos permite poner como anécdota aquellos planes y deseos de desarrollo a los que hemos tenido que renunciar, porque debíamos esforzarnos y concentrarnos en aquello que nos impulsara a alcanzar aquello que estábamos construyendo.

Por ello, nuestra vida se queda con deseos inconclusos y habilidades renunciadas, porque no eran necesarias para obtener lo que necesitábamos para vivir de manera estable y segura.

Mas, al terminar nuestros días en el tránsito por el mundo, Dios nos llena de seguridad y espacios, para completar en nosotros aquello que nos hace falta ser o experimentar en su amor.

Es cuando las necesidades ya están atendidas, las urgencias se desvanecen y la verdad que Dios nos ha constituido se rebela en su totalidad, tal como lo dice San Pablo: “Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero, entonces, veremos cara a cara; ahora, conozco en parte; pero, entonces, conoceré plenamente, como he sido conocido.” (1Co 13,12). Puesto que todo lo que se había velado y todo lo que se había renunciado ahora se devela y se asume, para completar la realidad que somos.

Dios ha deseado que lo manifestemos, alcanzando la plenitud y, también reconociendo aquello que, por abusar o ignorar, nos ha corrompido y ha dañado las relaciones con aquellos que debíamos atender y servir, dejando en nuestra plenitud la imagen real que hacemos presente a los que comparten la eternidad con nosotros. 

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