De la plegaria por un gol al milagro de la Copa del Mundo
El nombre de Ferran Torres está grabado, con letras de oro, en las páginas eternas del fútbol, luego de que hizo el gol del triunfo para España ante Argentina, en la final del Mundial 2026. Aquella anotación no fue casualidad: fue Dios quien, al final, se lo concedió, tras haberlo pedido con desespero días atrás.
España 4-0 Arabia Saudita. Segundo partido de la fase de grupos. Cuando todo estaba definido para el cuadro ibérico, apareció Torres para hacerse presente en el marcador. Pero hubo un inconveniente: el VAR lo anuló.
Durante ese momento de incertidumbre, entre que el árbitro da a conocer la decisión, el elemento del FC Barcelona sostuvo una conversación con Dios, que reflejaba su angustia:
“Por favor, que sea gol, por favor”. ¿Por qué se lo pidió cuando la goleada estaba ya sellada? Porque Torres acarreaba un cúmulo de críticas que venían desde tiempo atrás.
No es que el Creador no lo haya escuchado, es que simplemente consideró que no era el momento.
Desde aquel partido, siete más tuvieron que pasar para llegar a la final, donde se enfrentó a una albiceleste, de Lionel Messi, que buscaba su bicampeonato.
El cotejo se amplió hasta tiempo extra. Fue al minuto 106, donde su súplica llegó a convertirse en milagro.
Ferran Torres recibió un centro de cabeza de su compañero, Nico Williams, para definirlo con un certero izquierdazo, que solo las redes de la portería detuvieron.
Tras conseguir la segunda estrella para La Furia, Torres declaró que, durante todo el campeonato, llevó una cruz y una estampa de la Virgen.
El caso de Ferran Torres se puede resumir en esta enseñanza: si Dios no te da algo cuando lo pides, es porque tiene algo mejor para ti.
Yo también soy ejemplo de ello. En 2018, le pedí de manera vaga a Dios que me permitiera cubrir un Mundial con Televisa Deportes; quise estar en Catar 2022, pero no me lo permitió.
Por poco se me iba el Mundial 2026, pero mis plegarias fueron escuchadas, cuando pude cubrirlo para TUDN, en una oportunidad que me salió sin previo aviso. Los tiempos de Dios son precisos y perfectos.
