6 de julio de 2026

H. Alfonso Pérez Larios, M.Sp.S. (julio)

La abnegación de Alfonso le hacía soportar pacientemente lo que se le presentaba. Buscaba pequeñas mortificaciones: «Ahora, en este tiempo, ya que no me permiten ayunar, me aplicaré en algunas prácticas pequeñas, pero que cuestan: la principal, ser una modestia de ojos perfecta, una caridad y amabilidad para con todos muy grande, y, así, en todas las otras virtudes… Lucharé siempre contra el yo, confiando en Jesús y María, pues que, de mí, nada puedo».

Todo el tiempo que vivió en la congregación, el hermano luchó por «negarse a sí mismo»; su abnegación se transformó en «buscar el sacrificio», en «ser víctima con Jesús», cosa esta última que llegó a ser como el tinte fundamental de su espiritualidad de Hermano Coadjutor Misionero del Espíritu Santo.

Estas mortificaciones las podemos ver reflejadas en otra carta del hermano, con fecha 29 de diciembre de 1922: «Concédame pues, padre, que la semana entrante sea, para mí, semana de dolor, permítame que todos los días tome disciplina de sangre, por el tiempo de tres misterios de siete Ave Marías, en honor de los dolores de la Santísima Virgen y estos los ofreceré por lo que sea más del agrado de Ella. Pronto, espero me conteste y no se olvide de su hijo».

Además, el hermano tenía especial atención porque nadie notara estas mortificaciones. La siguiente es una carta, del 3 de septiembre de 1929, durante el tiempo en que Alfonso estuvo en la Casa de Roma: «Va a hacer un año le hice una petición y fue que me permitiera el mortificarme un poco, dejando de tomar cosas que no me son necesarias, como vino, fruta, dulces y algunos otros antojos; esto se lo ofrecí a la Santísima Virgen, solo por amor, sin promesa ni compromiso, pero con todo gusto le haría la promesa si su reverencia me lo permite; excepto los días que fuesen fuera de casa o de visita, para no hacerme notar de nadie, pero lo haría tomando lo menos posible y, ahora, espero me lo conceda».

Continará…

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