Tres expresiones de oración
Hemos reflexionado mucho sobre nuestra identidad como hijos amados de Dios, y que, un hijo amado de Dios suele reflejar cualidades que demuestren su conexión con el Padre y su deseo de vivir pegado a Él.
Jesús, que es la Palabra encarnada, quiere una relación íntima con nosotros, y esto implica sumergirnos en la oración. Reflexionemos sobre tres expresiones de oración: la oración vocal, la meditación y la oración contemplativa.
La Oración Vocal es el corazón hecho palabra.
La oración vocal es la forma más sencilla y accesible de comunicarse con Dios. Se expresa mediante palabras habladas o cantadas, individual o comunitariamente. El Padrenuestro, el Ave María y el Gloria son ejemplos clásicos.
Aunque sencilla, esta forma de oración exige que el corazón esté en sintonía con las palabras. Como recuerda Jesús: “Cuando ustedes oren, no hablen mucho como los paganos, que piensan que por mucho hablar serán escuchados”. Mt.6,7.
Lo esencial no es la cantidad de palabras, sino la sinceridad y pureza del corazón con que se dicen.
La Meditación es, en cierta forma, una búsqueda de sentido.
Meditar es detenerse a reflexionar sobre la Palabra de Dios, es cavilar sobre, qué me dicen a mí en mi vida actual, las Escrituras. Meditar es pensar sobre la vida de Cristo o sobre la propia existencia a la luz de la fe. En ella, buscamos comprender la voluntad divina y aplicarla a nuestra vida. Esta oración requiere tiempo, atención, silencio interior y apertura al Espíritu Santo.
Oración Contemplativa es la mirada del amor.
La oración contemplativa es una expresión silenciosa y amorosa de presencia ante Dios. No se trata de pensar o hablar, sino simplemente, de estar con Él. Es el silencio del alma que se abandona al amor divino. Santa Teresa de Jesús describe la meditación como “es un compartir cercano entre amigos; significa tomarse frecuentemente tiempo, para estar a solas con aquel que sabemos que nos ama”. Se trata de, dejarse transformar por la gracia de Dios, descansando en su presencia.
Estas tres expresiones no se excluyen, sino que se complementan, ayudándonos a
caminar hacia una unión más profunda con Dios. Orar es amar, y quien ama,
verdaderamente busca siempre nuevos modos de encontrarse con el Amado.
Ven, Espíritu Santo, y enséñanos a orar.
Abre nuestro corazón al diálogo con el Padre,
guíanos en la meditación de la Palabra
y condúcenos al silencio amoroso de la contemplación.
Que, en cada forma de oración,
descubramos tu presencia viva
y crezcamos en comunión con Dios.
Amén.
