Continuación…
LA CASA DE ESTUDIOS DE COYOACÁN
El hermano Eduardo García, M.Sp.S. nos sigue narrando, del Hermano Alfonso: Un día, a la hora de la comida, mandé a un padre un plato con huevos estrellados, según me había indicado cómo podía comerlos, pero me regresó el platillo igual, diciendo que así no los podía comer. Me apené, pues, en el momento, no tenía yo más; pero el hermano Alfonso se dio cuenta y me dijo: “no se apure, ya verá como sí los quiere” y tomó el plato, se fue al comedor, diciéndole: “padre, aquí están como usted los quiere”. Contestó el padre: “¡qué distinto! Así es como yo los quiero.” Yo quedé tranquilo y agradecido con el hermano, que me sacó de aquel apuro».
Cada año, el hermano Alfonso acompañaba a los estudiantes a las vacaciones que pasaban en Valle de Bravo. Allá, las personas del lugar atendían la cocina, el lavado de ropa de los estudiantes, etc. Oficialmente, el hermano Alfonso tenía que descansar; sin embargo, él estaba atento a las necesidades de los estudiantes y a que todo marchara bien. Su amor por los animales se extendía ya, no solamente al Malacara (era un perro corriente que le gustaba entrar a la casa y, a veces, recibía puntapiés de los estudiantes), sino también a los demás animales de Valle de Bravo: pájaros, el ganado, etc.
El sobrenombre de «El Padre Santo», con que los estudiantes apodaron a Alfonso, se hizo tan común, entre ellos, que algunos nuevos que llegaban a la Casa de Estudios, procedentes del noviciado o del magisterio en las Escuelas Apostólicas, ignoraban el nombre del hermano, solo lo conocían por su sobrenombre.
Las generaciones de sacerdotes, que estuvieron con el hermano Alfonso, en la Casa de Estudios, durante estos 10 años, tenían un gran concepto de la virtud del hermano. Recuerdan todos que, en multitud de detalles, encontraron en él ayuda, consuelo y entusiasmo.
En efecto, cuando se daba cuenta de que un estudiante tenía problemas en su vocación, en sus estudios, en su afectividad, iba a buscarlo y a hacerle algún pequeño servicio que lo hiciera sentirse apoyado. Tal vez, muchos pudieron llegar al sacerdocio por la caridad del hermano y por sus oraciones y sacrificios en favor de sus vocaciones.
Continuará…
