Continuación…
Cuando hablo con amigos de la universidad, la visión que tienen con respecto a algunos profesores, que se consideran católicos y conservadores, es que son personas de mente cerrada, oyen las opiniones de los demás, pero nunca tienen una verdadera actitud de escucha y de comprensión hacia los que no piensan como ellos.
Puede ser que no sea la mayoría la que actúe así. Pero, no podemos olvidar que el católico está llamado a tender puentes, para que otras personas conozcan a Dios, sin perder nuestra identidad y nuestros principios, siempre teniendo una actitud de compasión.

Existe una actitud que, como laicos, puede llegar a ser mucho más escandalosa: la hipocresía en el actuar. No olvidemos que somos representantes de la Iglesia, frente a una sociedad que ya no se define a sí misma como el pueblo de Dios. Ante esto, tendríamos que pensar cuántas veces, con nuestro egoísmo, nuestras injusticias y nuestra falta de compasión, hemos dado anti testimonio.
Para muchos, es inconcebible que, gente que se define seguidora de Jesús, pueda llegar a ser tan insensible ante las realidades del mundo, o ser perpetradora de realidades que lesionan y menoscaban la dignidad humana.
Un 77.7% de la población mexicana es católica. ¿Cómo puede ser posible que, en un país, casi eminentemente católico, sea común ver peleas en la calle, porque un católico le mentó la madre (agredió) a otro, simplemente por no darle el paso? ¿O que quienes asistimos a misa y nos confesamos, con regularidad, menospreciemos a los demás – muchos de ellos jóvenes – en nuestras actividades cotidianas?
Todas estas incoherencias desmotivan a los jóvenes que, en ocasiones, buscamos movimientos que hagan de este mundo un lugar menos hostil.
Nosotros, como laicos, no necesitamos grandes programas ni atraer desde la “diversión”. Lo que necesitamos es una verdadera conversión en nuestras propias acciones, para que nuestra congruencia haga ver a los jóvenes que vale la pena seguir a Jesucristo.
Serán la compasión, la conversión y el amor en la vida diaria los que vuelvan a hacer al catolicismo atractivo para los jóvenes.
