1 de junio de 2026

A PROPÓSITO DEL DÍA DEL PADRE…

Bajo el entendido de que todas las bendiciones vienen de Dios, si estas tuviesen un grado académico, el ser engendrado sería una bendición de “primaria”; el haber tenido (o tener) un padre que te cría y educa con amor y ejemplo es ya una bendición de “secundaria y bachillerato”; pero una bendición “universitaria”, y que puede alcanzar hasta el “doctorado”, es la que el Señor nos otorga a los varones cuando nos permite ser llamados “papás”.

Yo me siento muy afortunado por haber recibido todas esas bendiciones. Rafael† se llamó el hombre que me engendró, crío y educó con mucho amor y, su buen ejemplo, me preparó para recibir la mejor de ellas, la de ser padre y escuchar ser llamado papá. Eso, para mí, es de lo más maravilloso que me ha pasado en la vida.

Para hablar de la gran bendición de ser padre, serían necesarias muchas cuartillas así que me limitaré, sin falsa modestia, a hablar brevemente de mi bella experiencia. 

Cuento con la enorme fortuna de tener tres hijas (34, 28 y 27), a quienes amo profundamente y que me llenan de orgullo y satisfacción. Si alguien puede afirmar, con absoluta certeza, la frase aquella que dice “padre es el que cría, no el que engendra”, con mucho gozo diré que ese soy yo. 

Mi hija mayor es Rebeca, un “regalo divino”, del malogrado primer matrimonio de quien fuera mi amada esposa†. Engendré a dos de mis tres hijas, pero a las tres las crie y eduqué con el mismo amor profundo y, a pesar de mis muchas limitaciones, siento haber alcanzado una “bendición de posgrado” con la llegada, por ahora, de un nieto, situación que me motiva todos los días a celebrar el DÍA DEL PADRE.

¡Felicidades a todos los papás!

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