Y cuánto de esto hay en nPor los caminos del Evangeliouestro mundo social, religioso, político, económico. ¡Faltarían ruedas de molinos, si se cumpliera la advertencia de Jesús!
Y llegamos a la sección apóstoles. “Los apóstoles le pidieron a Jesús: auméntanos la fe”. Y a los apóstoles les hablará de un crecimiento en la fe que se concretiza en el servicio incondicional, incansable, permanente. Estas palabras, que son la clave en la vida de la comunidad, harán que los más cercanos se asemejen más a Él, que “vino, no a ser servido, sino a servir” (Mt 20, 28).
Se trata de un servicio que el mundo no conoce. El que sirve a la manera de Jesús lo hace porque está dentro de la voluntad del Padre. El servicio es la mejor recompensa. Ya lo había dicho Dios a Abraham: “Yo mismo seré tu recompensa” (Gn 15, 1).
Además, una gran recompensa, pues es Dios mismo. Esto implica caminar en la fe, gozar el servicio, gastar la vida por cumplir la voluntad de Jesús como Él cumplió la voluntad del Padre. Por experiencia, les aseguro que la alegría es muy grande.
Es así donde se comprueba quién es quién; quién se busca a sí mismo y quién, de verdad, hace todo “para la mayor gloria de Dios”. Todo un proceso cuya iniciativa ha sido de Jesús: Él mismo llama, prepara, envía, se hace presente en todo lugar de evangelización y, aunque venga el rechazo del mundo y hasta el martirio, Jesús estará ahí para ser la definitiva recompensa.
El que sigue a Jesús no puede presumir de trabajar mucho, ni mejor que todos; de ser muy creativo y genial, en propuestas de nuevas teorías, que se acaban en cuanto aparecen para dar paso a otras a las que les sucederá lo mismo, si no están bien cimentadas y claramente referidas al Evangelio.
Solo el amor es la mejor referencia para valorar el servicio. San Pablo hablaba así a sus comunidades: “De muy buena gana me gastaré y desgastaré por ustedes” (2 Cor 12,15). ¿Qué ganaron Pablo y los apóstoles dedicados a tiempo completo a evangelizar? Nada, según los criterios del mundo. Se dieron cuenta que trabajaron mucho, pero siempre quedó mucho por hacer. La labor evangelizadora es la vocación e identidad más profunda de la Iglesia, de todos los tiempos y de todos los lugares.
Jesús, Señor de la vida y el servicio, concédenos experimentar la gracia enorme de estar siempre a tu servicio, en lo que quieras y para lo que quieras.
Amén.
