3 de agosto de 2026

H. Alfonso Pérez Larios, M.Sp.S.

Prueba de esto es la manera en que el hermano Alfonso pedía al P. Félix orara por el don de la fortaleza, para poner en práctica este «ser víctima», en una carta escrita en Morelia, Michoacán, el 10 de enero de 1921: «Padre Amado, cuando lea estas cuantas palabras, le suplico haga una petición al Espíritu Santo, pidiéndole que me dé el hermoso Don de Fortaleza, para que nunca me sienta desfallecer, por más que el sufrimiento y las penas me agobien, que, por el contrario, más ánimo y valor y que verdaderamente me goce en todas ellas. Padre, si viera que, desde hace mucho tiempo, tengo la preocupación de que el fin de mi vida será penosa y no solo, sino que presiento morir en algún suplicio; y lo creo tan justo y necesario que no desearía otra cosa para mí, porque, después de tantos favores y gracias que Dios me ha concedido, sin tener que sufrir sino todo dulzura; porque cuántas veces Dios me ha concedido alguna cosa que tan sólo he deseado, cómo me libró de tantos peligros de mi alma y mi cuerpo y, de todo esto, no puedo menos de sentir agradecimiento y pedir que no me falte jamás el valor para hacer manifiesto todos sus beneficios y morir dando gracias por ellos».

c) Las Virtudes Teologales

En la vida sobrenatural, la luz que nos guía es la fe, la fuerza que nos hace caminar es la esperanza, el último móvil que nos conduce es la caridad. Cuando el Espíritu Santo quiere que una persona viva intensamente una espiritualidad, le da especiales gracias, para que crezcan en ella las virtudes teologales y lleguen a su madurez.

Alfonso correspondió con generosidad a las gracias divinas y el Padre Félix, orientando a su dirigido, le hacía ver que la práctica de las virtudes teologales era el «Camino» que debía seguir: «su camino propio, por encima de todas las dificultades, es el de una confianza sin límites a su Jesús y creer siempre, firmemente, que Él está contento con su hermano Alfonso. ¿Me cree? ¿Me obedecerá?… Escríbame siempre y póngame al corriente de su querida alma» (Lo subrayado está así por mano del Padre Félix)».

Continuará…

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