Al momento de que escribo estas líneas, la Selección Mexicana le ganó a Sudáfrica, Corea del Sur y a Chequia, en Fase de Grupos y, a Ecuador, en los dieciseisavos del Mundial 2026. No es casualidad, hay una fórmula que explica los triunfos de los comandados por Javier Aguirre.
La fórmula que utilizaron en cada encuentro, en cada duelo, en cada disputa por el balón, no resulta ser más que la fe depositada en una figura que siempre ha acompañado a cada uno de los mexicanos: la Virgen de Guadalupe.
El estadio Ciudad de México, se le llamó así al estadio Azteca por reglas de la FIFA, tiene una capilla dedicada a la Reina de México en el túnel de acceso principal a la cancha.
Previo a los partidos de esta justa veraniega, la Selección Mexicana expuso su fe ante esta capilla. Antes de irse a partir el alma por los millones de mexicanos que estaban expectantes por sus muchachos, los jugadores se tomaban unos segundos para encomendarse a Nuestra Madre, rezar de manera breve y persignarse.
Lo hizo el entrenador Javier ‘Vasco’ Aguirre; lo hicieron Guillermo Martínez, Armando ‘Hormiga’ González, Mateo Chávez y hasta el español naturalizado mexicano Álvaro Fidalgo.
Alguna vez, Christian Martinoli narró las espectaculares atajadas de Guillermo Ochoa ante Países Bajos, en el Mundial de Brasil 2014. En aquella ocasión, dijo dos frases que fueron concebidas a partir de su ingenio y de su entendimiento sobre lo importante que es la Morenita para nosotros:
“¡La Virgen juega de este lado, la Virgen está con nosotros!”.
12 años después, esta frase toma un significado más profundo, porque, en esta edición mundialista, y con estas pruebas de fe mostradas por los comandados por Aguirre, podemos afirmar que la Virgen de Guadalupe jugó de nuestro lado.
Esta es una prueba más de que Nuestra Señora del Tepeyac sigue apareciendo y siendo parte fundamental de los momentos más importantes de nuestra nación, desde cualquier enfoque, incluyendo el fútbol, nuestro deporte nacional.
¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!
