6 de julio de 2026

El deporte, instrumento de paz

El Papa León XIV ofreció sus intenciones, durante las competencias deportivas, como la Copa Mundial de Fútbol, a los valores del deporte, “para construir comunión y fraternidad en la historia”. Además, propuso que el deporte sea un instrumento de encuentro y diálogo entre culturas.  

El Papa León agradece a Dios por el don del deporte: por quienes “lo glorifican con el ejercicio, por las amistades que nacen en la cancha y la alegría de jugar en equipo”. 

El Pontífice pidió que el deporte sea considerado como “escuela de fraternidad y no de rivalidad vacía, espacio de encuentro y no de exclusión, camino de paz y no de violencia». Expresó que el deporte tiene un “lenguaje universal que acerca culturas, une pueblos y siembra respeto, solidaridad y superación personal”. Al final, León XIV se dirige a Dios, suplicando que “nunca falte en nosotros tu Espíritu, que nos hace un solo equipo, unido contigo para construir comunión y fraternidad en la historia”.

En el Jubileo del Deporte, en 2025, celebrado en Roma, el Papa León XIV pone la mirada en los valores del deporte, al considerarlo una herramienta de paz: “el deporte es un camino para construir la paz, porque es una escuela de respeto y lealtad, que hace crecer la cultura del encuentro y la fraternidad».

El Pontífice señaló que “en una sociedad marcada por la soledad, en la que el individualismo exagerado ha desplazado el “nosotros” y terminado por ignorar al otro, el deporte en equipo enseña el valor de la colaboración, de caminar juntos», convirtiéndose, así, en un importante instrumento de recomposición y encuentro entre los pueblos.

El pasado mes de abril, recibió a los atletas de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Milán-Cortina e insistió en que: “En la época actual, tan marcada por polarizaciones, rivalidades y conflictos, que desembocan en guerras devastadoras, su compromiso adquiere un valor aún mayor: ¡el deporte puede y debe convertirse verdaderamente en un espacio de encuentro! No una exhibición de fuerza, sino un ejercicio de relación”. Los deportistas están llamados a ser testigos de un lenguaje universal: “competir sin odiarse, ganar sin humillar, perder sin perderse».

La cultura del deporte, como un instrumento de paz, viene de siglos de historia, en los mismos orígenes de los Juegos Olímpicos. La tradición de la Tregua Olímpica —conocida en la Antigua Grecia como Ekecheiria— nació en el siglo IX a.C., como un acuerdo entre ciudades-estado en conflicto, para garantizar la participación segura en los Juegos, convirtiendo el deporte en un puente de diálogo y convivencia pacífica. Retomando ese espíritu, el Comité Olímpico Internacional (COI) revivió este concepto, en los años 90, con el objetivo de aprovechar el poder transformador del deporte como herramienta de paz y reconciliación.

El Padre Cristóbal Fones, director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, expresó: “El deporte es uno de esos espacios únicos, donde la humanidad se encuentra de verdad. Es un puente de diálogo que trasciende fronteras, lenguas e ideologías. En la cancha, en la pista, en la piscina, personas de culturas y naciones distintas comparten el esfuerzo, el sacrificio, la alegría de la victoria y el dolor de la derrota. El deporte nos enseña la constancia, la disciplina, el valor del trabajo bien hecho, la humildad ante los propios límites. Y, quizás, lo más bello: nos recuerda que nadie vence verdaderamente solo. Necesitamos al otro. Por eso, el Papa nos invita a rezar para que esos valores tan humanos —el respeto, la solidaridad, la superación personal— no queden solo en el campo de juego, sino que transformen nuestra manera de vivir juntos en el mundo».

La Red Mundial de Oración del Papa es una Obra Pontificia encomendada a la Compañía de Jesús. Está presente en más de 90 países y reúne a una comunidad espiritual de más de 22 millones de personas, que buscan vivir cada día con disponibilidad, para colaborar en la misión de Cristo. En el centro de esta misión están las intenciones mensuales de oración del Papa, que invitan a centrarse en los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia

Fue fundada en 1844, como Apostolado de la Oración. En diciembre de 2020, el Papa Francisco instituyó esta Obra Pontificia como Fundación Vaticana y aprobó sus estatutos definitivos en julio de 2024.

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