H. Alfonso Pérez Larios, M.Sp.S. (35)
Julio 2025
Continuación…
La salud del hermano fue minándose más y más. El P. Luis Cervantes lo atendía con paternal solicitud. Tuvo la gran delicadeza de pedir al Santo Padre una bendición especial para el hermano enfermo; el telegrama dice así: «Augusto Pontífice, invocando celestiales consuelos que conforten en su dolorosa prueba hermano Alfonso Pérez, otórgale en testimonio benevolencia implorada bendición apostólica. Cardenal Cicognani. 12 de febrero de 1965».
Otra situación, que no ayudó a la enfermedad del hermano Alfonso, tal como lo afirma el P. Luis Martínez, es el hecho de que cargaba cosas muy pesadas y estaba mucho tiempo de pie en la cocina.
Como el mal seguía adelante, deseando que tuviera mayor atención, el P. Luis Cervantes lo llevó al noviciado, a pasar allí una temporada, pero el mal no cedía. Durante este tiempo, los novicios quisieron ir a conocer el antiguo Noviciado de «La Fama», e invitaron al hermano a que fuera, a pesar de su delicada salud. «Nos acompañó, para enseñarnos y explicarnos la Casa de «La Fama», donde fue el noviciado en tiempo del P. Félix Rougier». El novicio que describe esta visita prosigue: «Anoté que hablaba con toda sencillez y con seguridad de lo que decía. Nos edificó mucho porque, estando ya sin poder caminar, no quiso que lo lleváramos en coche. Dijo que todavía podía caminar. A mí, me daba lástima, porque estaba bastante jorobadito. Se iba deteniendo con un bordón y, al pasar en unos escalones, no quiso que le ayudáramos y bajó bastante rápido. Apenas levantaba la cabeza para vernos. Noté que tenía el espíritu de sacrificio, de oración y de humildad».
Después de una corta estancia en el noviciado, regresó el hermano al Pedregal, donde siguió cumpliendo normalmente con sus trabajos en la iglesia, que estaba en construcción: recogía la limosna, arreglaba lo necesario de la sacristía, oía muchas misas, atendía en el desayuno a los padres que iban a celebrar, etc.
