1 de junio de 2026

Corpus Christi

El Papa León XIV nos comparte que, este mes de junio, en muchos países, se celebra la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el Corpus Domini

El Evangelio (cf. Lc 9,11-17) nos narra el milagro de los panes y los peces (cf. Lc 9,11-17). Para poder dar de comer a miles de personas que acudieron a escucharlo y a pedirle curación, Jesús pide a los apóstoles que le presenten los poco panes y peces que tienen, los bendice y les ordena que los distribuyan entre todos. El resultado es sorprendente, no solo cada uno recibe comida suficiente, sino que sobra en abundancia (cf. Lc 9,17). Esto es un “signo” y nos recuerda que los dones de Dios, incluso los más pequeños, crecen cuanto más se comparten.

A través de este pasaje, podemos reflexionar sobre una realidad aún más profunda. En el compartir humano hay uno más grande que lo precede: el de Dios hacia nosotros. Él nos dio la vida; pidió a una mujer, María, que fuera su Madre, para asumir un cuerpo frágil, limitado, mortal, como el nuestro, poniéndose en sus manos como un niño, para salvarnos. Así compartió hasta sus últimas consecuencias nuestra pobreza para redimirnos, lo poco que podíamos ofrecerle (cf. Nicolás Cabásilas, La vida en Cristo, IV, 3).

Cuando hacemos un regalo, nos sentimos gozosos de ver que es apreciado; lo contentos que nos sentimos cuando comprobamos que, a pesar de su sencillez, ese regalo nos une aún más a quienes amamos. En la Eucaristía, sucede esto precisamente entre nosotros y Dios, pues es Él quien acoge, santifica y bendice el pan y el vino que ponemos en el altar, junto con la ofrenda de nuestra vida, transformándolos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, sacrificio de amor para la salvación del mundo, expresa León XIV. 

Nos comenta que Dios se une a nosotros acogiendo con alegría lo que le presentamos y nos invita a unirnos a Él, recibiendo y compartiendo con igual alegría su don de amor. De este modo —dice san Agustín—, como el “conjunto de muchos granos se ha transformado en un solo pan, así, en la concordia de la caridad, se forma un solo cuerpo de Cristo” (cf. Sermón 229/A, 2).

Al finalizar, el Papa nos invitó a orar y pedir la bendición del Señor sobre nuestros hogares, nuestras familias y toda la humanidad. Que esta celebración sea un signo luminoso de nuestro compromiso de ser cada día portadores de comunión y paz los unos para los otros, en el compartir y en la caridad.

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