1 de junio de 2026

Puttering, el freno que necesitamos

La tendencia actual es vivir a máxima velocidad, exprimir cada segundo ahogado en tecnología, exceso de información, expectativas irreales y comprando la idea de que la satisfacción está en tener más: el siguiente celular, la respuesta inmediata y resolviendo todo al instante.

Recientemente, cayó en mis manos un artículo que habla sobre el puttering, me lo compartió una querida amiga. Lo leí y me atrapó. Caí en cuenta de que el término está de moda, yo no lo conocía y nombra perfectamente esa sensación que muchos experimentamos sin poder definirla. 

En esta ocasión, me pareció una buena oportunidad para poner el tema sobre la mesa. El “bendito” puttering ha llegado para ayudarnos a parar. Consiste en mantener la atención sin prisa, en algo que nos apetece hacer, en presente, sin la presión de un resultado.  Es estar en un lugar, realizar una tarea disfrutando el proceso.

Practicarlo es hacer las cosas con calma. No significa dejar de lado nuestros objetivos o caer en la procrastinación. Al contrario, es el contrapeso que nos permite ser constantes sin agotarnos. No anula nuestras metas, les quita el ruido. Lo único que pretende es el disfrute desde un estado sereno: salir a caminar sin destino fijo, cocinar sin receta ni reloj o pelar una fruta saboreando gajo por gajo, simplemente de forma espontánea.

En un mundo saturado de estímulos, metas y productividad tóxica, el puttering es el freno que necesitamos. Es el recordatorio de que nuestra vida no es una lista de pendientes, sino un permiso para estar. Y, en esa pausa sin prisa, sin exigencias, una invitación a deleitarnos con la simplicidad de lo cotidiano como seres humanos que somos, presentes, imperfectos y en paz.

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