4 de mayo de 2026

Es Pascua: ¡Dios surge de abajo!

¿Quién es Él? Hombre libre, hombre solidario. Experimentó, en su propia carne y en la carne de los demás, la ternura de Dios. Vivió «como uno de tantos» y, por eso, experimentó a Dios como Padre de bondad y cercanía… y se hizo hermano, defensor de los pequeños y de los pobres.

Comprobó, con alegría, cómo el Padre revelaba su proyecto a los sencillos y lo ocultaba a los sabios y entendidos. Y Este, el que hacía presente a Dios con su vida, con su solidaridad, con su cercanía inusitada y compasiva hacia los últimos, fue aniquilado, lo mataron, lo crucificaron.

Pero también, aquí, en el silencio de la historia, cuando parece que no pasa nada, Dios está gestando algo nuevo y hay momentos en que eso nuevo surge y se levanta. Jesús surgió de abajo, brotó desde el fondo de la sociedad. De esa existencia, brotó el futuro radicalmente nuevo.

La vida surge en lo pequeño y, desde ahí, empieza la novedad del evangelio.

«A Jesús, ustedes lo mataron clavándolo en la cruz… A este Jesús, Dios lo resucitó, librándole de los lazos de la muerte, pues no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio» (Hch 2,22-24).

Resucitar no es «subir» al encuentro de Dios. Es «bajar» hasta el abatido Jesús.

Para encontrarnos hoy con Dios, tenemos que mirar hacia abajo y dirigir hacia allí nuestros pasos y nuestro compromiso. Con los mismos pasos con que nos acercamos al dolor y a la fragilidad de nuestro mundo, también nos acercamos a Dios, para encontrarlo y caminar con él.

La eternidad ya está entre nosotros. Somos limitados, pero en comunión con el Ilimitado.

Somos existencias concretas, pero atravesadas todas por el mismo Espíritu.

Nos entregamos a la muerte, gracias a la pasión que sentimos por la vida. Estamos en camino, pero ya hemos llegado.

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