El pueblo de Brasil es el que más católicos tiene a nivel mundial. Su fe se ha manifestado en cada uno de los componentes de su cultura, incluyendo el fútbol, donde son los jefes.
En una ocasión, aun llevando esta etiqueta, rompieron con muchísima dificultad una racha de 24 años sin levantar la Copa del Mundo; y es que, sin la fe colectiva, no pudieron haberlo conseguido.
Fue en Estados Unidos 1994 donde rompieron la malaria. La última vez que la ‘verdeamarela’ había incluído otra estrella más a su escudo fue en el lejano México 1970, donde Pelé pasó de ser leyenda a mito.
Antes de saltar al campo del Rose Bowl, de Los Ángeles, para disputar la final ante Italia, Brasil realizó un gesto en el vestidor que los ayudó a eliminar los nervios: se tomaron de las manos y rezaron para que Dios y la Virgen María intercedieran por ellos. La fe inundó sus corazones.
El partido estuvo cerrado de principio a fin, tanto, que terminaron cero a cero en tiempos extras y tuvieron que recurrir a penales. Luego de cuatro intentos, los sudamericanos obtuvieron tres goles; los europeos firmaron dos en cuatro oportunidades. El que tenía la responsabilidad de alargar la tanda fue Roberto Baggio, si fallaba, Brasil se llevaría su cuarto título mundial. Sin pensar demasiado, tomó carrera … el silencio invadió todas las casas de Italia luego de errar su disparo. Cafú, Romário y Ronaldo bailaban al ritmo de la zamba.
Pelé, quien vivió esa final como comentarista de la cadena Globo, había levantado sus puños en señal de triunfo tal y como lo hizo en el Estadio Azteca, 24 años antes.
La humildad de esta selección fue enorme cuando, a minutos de recibir el trofeo, formaron un círculo en el campo y rezaron un Padrenuestro y un Ave María, en señal de agradecimiento, a su vez que le dedicaron su triunfo a su compatriota Ayrton Senna, piloto de la F1, fallecido semanas antes por un accidente en competencia.
Así, Brasil le recordó al mundo que, cuando la fe se vuelve colectiva, abre caminos que sólo Dios sabe trazar.
