El tercer domingo de este mes, celebramos el Dia del Padre. Algunos, lo haremos recordando a nuestros papás, que ya han partido al cielo; otros, tendrán la bendición de compartir momentos de alegría con sus padres vivos.
La figura paterna es tan importante que Dios le dio, a su Hijo, un padre en la tierra: San José. Hombre justo, que cumplió a cabalidad la misión de cuidar de la Sagrada Familia de Nazaret, tomando decisiones conforme a la voluntad de Dios, actuando rápido y eficazmente
El Papa Francisco envió una Carta Apostólica, llamada: Patris Corde (con corazón de padre) y estableció este año dedicado a San José, en ocasión del 150 aniversario de su declaración como patrono de la Iglesia universal.
La beata Conchita escribió, en el 50º aniversario de la misma declaración, un libro hermoso dedicado a él: “Pequeña Esmeralda”. Quería que fuera conocido más y, así, se extendiera el amor y la devoción a este Santo Patriarca.
Escribe Conchita: “¡Padre de Jesús en la tierra, retrato y representante del Padre celestial! ¡Esposo de María, como un reflejo del Espíritu Santo!… ¡Qué dicha espiritual, sin nombre, inundaría su hermosa alma!… de tener en sus brazos, solo un momento, al Dios Niño, se derretían de amor.”
San José era un padre que se olvidaba de sí mismo. María y Jesús estaban bajo su tutela y provisión; él custodió estos dos corazones, de donde vino la salvación del mundo. Unió su corazón al de Jesús, con un verdadero amor paternal.
Agradezcamos que, además de nuestro padre terrenal, tenemos un Padre en el cielo, que nos ama como nadie, y pidamos la intercesión de San José para poder imitar sus virtudes de humildad, dulzura, castidad, silencio, obediencia y, así como el Dios vivo creció bajo su cuidado y amor, así crezca, cada vez más, Jesús en nuestros corazones.
