1 de junio de 2026

El Credo El Espíritu Santo habló por los profetas 

En el número anterior, reflexionamos sobre nuestra fe en el Espíritu Santo, quien es Señor y dador de vida. Como decíamos, no solo es el soplo de vida que se nos dio en la creación: es la fuente de la vida espiritual que anima la Iglesia. Una de las formas en que el Espíritu Santo ha guiado al pueblo de Dios es a través de los profetas. “Ninguna profecía ha venido por iniciativa humana, sino que los hombres de Dios han hablado movidos por el Espíritu Santo” (2 P. 1:21). 

Esto ocurrió ya con los profetas de Israel: el Espíritu Santo los invadía e, inspirados, comenzaban a profetizar. Así dice Isaías: “¡El Espíritu del Señor Yavé está sobre mí! Sepan que Yavé me ha ungido. Me ha enviado con un buen mensaje para los humildes, para sanar los corazones heridos, para anunciar a los desterrados su liberación y a los presos su vuelta a la luz” (Is. 61:1). También, por ejemplo, David: “El Espíritu de Yavé habla por mí, su palabra está en mi lengua” (2 Sam. 23:2).  

Ya en tiempos de la Iglesia, el Espíritu Santo se ha manifestado también a través de los seguidores de Jesús. El primer y más importante momento fue Pentecostés: “Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran” (Hch. 2:4). Pero su acción continúa, a través de los santos, los mártires y todos los miembros de la Iglesia, que anuncian de manera fidedigna la palabra de Dios. 

Ahora bien, debemos recordar que un profeta no es un adivino que predice el futuro, sino toda persona que glorifica a Dios y comunica Su palabra a los demás. Por lo tanto, todos nosotros, los bautizados, que somos templos del Espíritu Santo, estamos llamados a ser profetas. No necesitamos hablar en lenguas o hacer prodigios milagrosos, sino dar testimonio vivo de nuestra fe, para que el Espíritu Santo hable a través de nosotros.  

Deja un comentario