2 de noviembre de 2026

Jesús sale a nuestro encuentro

El Papa León XIV, en su viaje apostólico a Francia, hizo presente su mensaje sobre la sed de plenitud que el hombre y la mujer albergan en su corazón, donde todos los cristianos debemos enfrentar el desafío de vivir la fe, arraigados al Sagrado Corazón de Jesús y guiados por el amor maternal de la Virgen de Lourdes y que, llamados a la conversión, podamos reconstruir la sociedad y al mundo, sediento de Dios y necesitado de paz.

Con un ejemplo de esperanza y reconstrucción, la reapertura de la catedral de Notre Dame, en París, constituye la culminación de una hazaña técnica y, a la vez, la prueba de que lo que se creía destruido para siempre puede renacer, gracias a la colaboración de todos y el esfuerzo común.

León XIV reflexionó sobre el deseo que habita en lo profundo de cada corazón, ante la necesidad de saciar la sed de Dios: “Es Jesucristo, por su encarnación, quien sale al encuentro de cada persona en su historia y se le revela como la verdadera fuente de agua viva capaz de saciar su sed. No se trata tanto de una sed material, sino de una sed de sentido, de verdad y de plenitud, que habita en el corazón de cada uno”.

Solo con el auxilio del Señor cada proyecto personal alcanza los frutos de la vida eterna. Debemos asumir compromisos en la cotidianidad, fomentando la paz, respetando la vida y la dignidad de la persona y dando testimonio de la fe.

Hizo un fuerte llamamiento en defensa de la vida: “Ninguna ley debe hacernos perder la certeza de su dignidad. Por el contrario, en nombre de esta dignidad inalienable de la persona humana debe rechazarse firmemente la tentación de quitar la vida, con el pretexto de una falsa compasión. Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral”, expresó.

También aprovechó para comprometer a los jóvenes a que “tengan el valor de vivir de manera responsable la misión de construir la paz en su corazón, en sus relaciones, en su familia, en las escuelas y universidades, en la vida de sus ciudades, de sus pueblos”.

En este viaje apostólico, León XIV nos deja la imagen del Dios misericordioso que nunca niega un abrazo a quien sabe que necesita de Él. Aceptar el llamado a la conversión es una tarea. Nos invita a orar: “Oh Virgen Inmaculada, haz que la luz que llevamos esta noche en nuestras manos no se apague jamás en nuestras vidas, sino que ilumine el futuro, abriéndonos, desde ahora, a las promesas de la vida eterna”.

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