10 de septiembre de 2026

Huexo, 50 años de misión compartida

Hace 50 años, el 6 de septiembre de 1976, se fundó el Templo María Madre de la Iglesia, en Huexotitla, Puebla, mejor conocido por todos como Huexo.

La historia de su construcción comenzó diez años atrás, en 1966, bajo la visión del Arq. Fernando Rodríguez Concha y de Carlos Mastretta Cobel. En 1972, los Misioneros del Espíritu Santo iniciaron su labor pastoral en la zona, impulsando espacios de renovación espiritual y evangelización. Cuatro años después, fue erigida canónicamente la comunidad, con una advocación mariana profundamente ligada al Concilio Vaticano II, que reconoce a María como Madre de la Iglesia.

La forma del templo tiene, como símbolo principal, a María, quien abraza a sus hijos en torno al altar. Su estructura, formada por piedras, puede representar a todos aquellos que, a lo largo de estos 50 años, hemos construido esta comunidad, de misión compartida, entre sacerdotes y laicos. 

La presencia de los Misioneros del Espíritu Santo ha sido fundamental en este camino. Fieles a su carisma, han acompañado a la comunidad, promoviendo una espiritualidad centrada en la acción del Espíritu Santo y en la construcción de una Iglesia donde todos participan activamente en la misión.

Celebrar este 50 aniversario es reconocer y recordar a los sacerdotes que, a lo largo de este tiempo, han pasado por esta comunidad y han acompañado el caminar de Huexo, dejando una huella imborrable; entre ellos, los padres: Francisco López, Jorge Ponce de León, Rafael Marco, Gilberto Torres, Benedicto Gutiérrez, Ernesto Aguilar, Carlos Quiñones, Rafa Vera, Eduardo Sarre, Rafael Moctezuma, Manuel Ruiz, Carlos Balandra, Luis Manuel Sandoval, Roberto Rodríguez, Antonio Kuri Breña, José Luis Fernández De Valderrama, Xavier Zavalveytia, Abel Uribe, Javier Serrano; y también a quienes hoy continúan escribiendo esta historia, Ricardo Páez, Nemecio Rivera e Hilario Cedeño.

Hablar de Huexo es hablar de una comunidad cercana, comprometida, participativa. Generaciones enteras encontramos aquí un lugar para crecer en la fe y descubrir que la Iglesia se construye, cada día, con la participación de todos. 

Quienes hemos formado parte de esta comunidad sabemos que Huexo es un lugar donde la fe y el servicio se convierten en una forma concreta de seguir a Cristo. Haber servido como acólita, durante ocho años, me permite dar testimonio de ello.

Este aniversario es una ocasión para mirar con gratitud el camino recorrido y también una invitación a renovar nuestro compromiso con la misión, guiados por el Espíritu Santo y bajo la protección de María, Madre de la Iglesia.

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