En el principio, cuando los cielos y la tierra fueron creados, el Señor contempló su hechura y vio que todo era «bueno». El mundo fue provisto de recursos abundantes, belleza y fertilidad con un propósito divino y claro: sostener la vida y bendecir a todos por igual.
Este principio del Pensamiento Social Cristiano es lo que teológicamente conocemos como el destino universal de los bienes. Antes que cualquier título de propiedad privada, existe esta finalidad originaria: los bienes materiales, naturales y producidos por el trabajo humano deben estar al servicio del desarrollo integral de todas las personas, en especial de las más necesitadas.
El principio no niega la propiedad privada ni la iniciativa económica. Al contrario, las reconoce como instrumentos legítimos y necesarios para la libertad, la responsabilidad personal y el buen funcionamiento de la economía.
Sin embargo, subordina esos derechos a una función social. La propiedad no es un fin en sí misma, sino un medio para que los bienes cumplan su vocación original de beneficiar a todos. De ahí que la propiedad privada lleve consigo una «hipoteca social”.
Quien posee más de lo necesario tiene la responsabilidad de administrar ese excedente pensando en el bien común. Las estructuras económicas y políticas deben orientarse a que el acceso a los recursos —tierra, alimento, vivienda, trabajo, conocimiento— no quede reservado a unos pocos mientras otros carecen de lo indispensable.
Este criterio tiene un impacto directo en los debates actuales sobre:
-La distribución de la riqueza y el acceso equitativo a la tierra cultivable.
-La gestión de los recursos naturales compartidos y la vivienda digna.
-El uso responsable de las nuevas tecnologías y del conocimiento.
Hoy en día, en México, más de 35 millones de personas viven en pobreza y 7 millones en pobreza extrema; en contraste, solo el 10% de la población concentra el 71% de la riqueza.
Entonces, si todo lo que poseo es, en última instancia, un préstamo destinado para la humanidad ¿qué parte de lo que tengo estoy dispuesto a compartir hoy (y no solo cuando me sobre) para disminuir esta desigualdad?
