1 de junio de 2026

¿Por qué ser cristianos hoy?

Llamaré cristianismo al estilo de vida que busca ser memoria viva de Jesús: su forma de contemplar y reaccionar ante la realidad, sus sentimientos y su actuar. En su corazón late una pasión: el Reino de Dios, la transformación de nuestra historia por la acción de un Dios Padre que anhela la fraternidad universal y la felicidad humana, y que por ello toma partido por los últimos, los pobres y marginados. 

Movido por esto, Jesús reaccionó con compasión entrañable ante el sufrimiento, haciendo de su vida una denuncia contra lo que deshumaniza, y de su actuar, una parábola viva de un Dios que trae justicia, vida, alegría y libertad.

Vivimos en un mundo necesitado de buenas noticias, marcado por una crisis global que causa sufrimiento. Pueblos enteros luchan por sobrevivir en un sistema que los excluye. 

Reconozco en mí y en muchos una profunda sed de sentido y felicidad que no logran saciar las ofertas de esta sociedad.

El cristianismo es importante hoy porque ser cristiano significa asumir la posibilidad de un mundo reconciliado, una nueva humanidad de hermanos y hermanas. Más aún, es experimentar esa posibilidad como algo que ya se está gestando en la historia. Es tener la experiencia personal de dejarnos conmover por el perdón incondicional y el amor gratuito de Dios.

Y, a la vez, experimentar que este mundo posible se abre paso con fuerza misteriosa a través de pequeñas acciones y personas sencillas que entregan su vida a la manera de Jesús para construir relaciones fraternas. 

Los mártires de ayer y de hoy son el mayor testimonio de la libertad, la audacia y la esperanza que la fe en Cristo Resucitado aporta a las comunidades comprometidas con un mundo donde valga la pena vivir. Ser cristiano es creer en un amor capaz de revolucionar nuestro mundo para bien.

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