1 de junio de 2026

Animal racional y religioso

Ante la pregunta, “¿qué es el ser humano?”, nuestra memoria nos brinda la ancestral y clásica respuesta: “animal racional”. La primera palabra es el denominador común y se refiere a lo biológico, lo material. La segunda palabra es la diferencia especifica y se refiere a la mente, lo espiritual.

Adicionalmente, observamos un dato: no existe, en la historia humana, tribu, pueblo o nación que haya sido arreligioso, mucho menos antirreligioso. Ciertamente puede existir un porcentaje minoritario de habitantes que son ―tanto de manera explícita como tácita― ateos o agnósticos y, por lo tanto, arreligiosos o, incluso, antirreligiosos. 

Y si se observa esto, ¿no se trata entonces de la presencia de la necesidad religiosa, cuyas raíces se encuentran en el nivel personal e individual? Donde “necesidad” se refiere a todo aquello de lo cual es imposible sustraerse y, por lo mismo, requiere de ser satisfecho. Y “religión” se refiere a los protocolos mediante los cuales se establece, desarrolla y consolida la relación interpersonal Dios-ser humano, que es deseada, en primer término, por Dios y que, asimismo, contribuye a la consecución de la plenitud existencial de la persona humana. 

Siendo Dios esencialmente relacional en el Amor y siendo el ser humano criatura a imagen y semejanza de Dios, premisas independientes del pensamiento humano y del quehacer humano, tenemos que el ser humano no es tan solo animal racional, sino que es, incluso, animal religioso.

Lo anterior lo ratifica el principio de indestructibilidad del altar. No porque eliminemos a Dios del escenario humano, se elimina el altar de nuestras ofrendas y sacrificios. En realidad, reemplazamos a Dios por alguno o algunos de nuestros ídolos: poder, riqueza, fama, hedonismo, libertad, comodidad… e, incluso, nos enraizamos en la tierra del ego de la peor idolatría, es decir, la egolatría: “lo que yo quiero, como yo quiero, cuando yo quiero”. 
“¿Por qué vas a misa?”, me puede preguntar el lector, ante lo cual respondo: “siendo el animal religioso que soy, integrante de esa especie biológica única en la Tierra, deseo enfatizar mi religiosidad, desenraizarme del ‘ego land’ y avanzar hacia la Tierra de Dios para enraizarme y vivir en ella”. Algo simple y sencillo, cuán fácil o difícil sea de llevar a cabo.

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