12 de septiembre de 2026

La libertad y la realidad del hombre

Al hablar de libertad, nuestra imaginación vuela entorno a las acciones que hacemos, sin importarnos más allá que nuestro deseo instantáneo, puesto que tenemos la idea que la autodeterminación está exenta de responsabilidad y de compromiso.

Pero esta visión y conceptualización de la libertad, verdaderamente, es un espejismo muy peligroso, puesto que la autentica libertad es manifestar la realidad, actuando conforme a nuestra responsabilidad y los compromisos asumidos.

Un hombre libre es aquel que puede ser confiable y prestar con seguridad un servicio, de forma comprometida con la verdad. Así, manifiesta su voluntad al realizar las cosas con autoridad, autonomía y coordinación, teniendo en cuenta a quién sirve, la dignidad de aquellos a los que emplea, el uso adecuado de herramientas, bienes y situaciones que requiere, para llevar la acción a término correcto en tiempo y forma comprometida. 

Porque la libertad es amoldar nuestra voluntad a la realidad que construimos, al ser parte de la comunidad, aceptando la fe de nuestra Iglesia. Con ello manifestamos nuestra autenticidad, nuestro compromiso y, sobre todo, la realidad que vamos construyendo de la presencia de Dios, que se hace manifiesta en nuestra persona. 

La realidad es el producto de nuestra capacidad de sintetizar, asimilar y asumir los signos que nos hacen presente nuestro transito por el mundo; por medio de este entendimiento elaboramos respuestas a lo que el mundo nos llama, expresando con ellas la verdad que nos representa, porque no hay poder que realmente nos someta, más allá de nuestra propia voluntad.

Dios nos ha hecho capaces de tomar nuestras decisiones, asumiendo las consecuencias de ello. Por ello, Él nos propone un marco de conducta representado en sus mandamientos y resumido por Cristo en el amor que nos lo propone con la máxima de hacer aquello que queremos que nos hagan.

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