Jesús, me invitas de nuevo a orar tu Palabra; quieres un nuevo encuentro conmigo y te lo agradezco de todo corazón, porque siento cómo mi amor se ensancha y va tomando los latidos, que te hacen vibrar también de amor y entrega generosa al Padre misericordioso, para hacer que viva bajo su mirada amorosa.
Con este Evangelio (Mt 14, 1-12), quedo impactado al leer el testimonio de Juan: “Ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29) y esa es mi misión; pocas veces llegó hasta el final de su testimonio, asumiendo todas sus consecuencias hasta dar la vida por ti.
Y esto, mi Jesús, me confronta con la verdad de mi vida, de mi misión, de mi voluntad de ser fiel hasta el final. Al paso de los años, me veo crecer en temores, precauciones y debilidades. Me sorprende la energía en la fidelidad a la verdad de tu testigo más coherente: Juan el Bautista.
Mi Jesús, que no falten en tu Iglesia testigos de la talla de Juan. Tu querida Iglesia sigue siendo encarcelada, perseguida, decapitada, pero tu Espíritu la mantiene viva y fortalece su testimonio en un mundo que se propone destruirla.
Caminamos con confianza y dispuestos a dar la vida, porque Tú estás con nosotros; porque tu Espíritu hace posible nuestro testimonio; la mirada misericordiosa del Padre nos protege y llena de vida siempre cada día.
Jesús, ¿cuál es tu proyecto de Evangelio para nuestro testimonio? Sólo la oración será el ambiente y la condición favorable para descubrirlo, seguirlo y dar frutos.
Mi Jesús, me escondo tras los pliegues de tu corazón, pero Tú me pides salir hacia una pastoral de intemperie, una Iglesia en salida y una comunidad capaz de afrontar los retos de una sociedad por demás desorientada.
Juan el Bautista es testimonio de cómo vivir tu Evangelio. Nunca disminuye la fuerza de su verdad, nunca se apaga la luz de su palabra, nunca se echó para atrás ni desistió.
Lo imagino como un profeta de profunda oración, con una experiencia del Espíritu Santo, que lo llevó al desierto para alimentarse y prepararse para la misión que le correspondía. Lo contemplamos como profeta invitando a la conversión, a una coherencia de vida que permitiera la disponibilidad para la llegada del Mesías.
