El Papa León XIV, al cerrar el consistorio del mes de junio, pronunció su discurso centrado en la esperanza, la sinodalidad y la responsabilidad de la Iglesia, ante un mundo marcado por las guerras y las crisis de las relaciones humanas.
León XIV insistió en que la sinodalidad es un modo de ser Iglesia: «La pregunta no es quién tiene el poder de decidir, sino cómo custodiar, juntos, el don que el Señor nos ha confiado». Este camino nace del encuentro, crece en la escucha mutua y madura mediante el discernimiento guiado por el Espíritu Santo.
El Papa señaló que los cardenales compartieron su preocupación por las guerras, la pobreza, las injusticias y la violencia, que afectan a numerosos pueblos. Afirmó que, detrás de esas tragedias, existe una crisis más profunda: la soledad, el deterioro de las relaciones humanas, la pérdida de la esperanza y la dificultad para reconocerse como hermanos.
León XIV hizo hincapié en la situación de los jóvenes, cuya búsqueda de sentido y autenticidad y el sufrimiento que conduce, incluso, a quitarse la vida personifica una de las heridas más graves del mundo contemporáneo; recalcó la importancia de la familia como escuela de relaciones, solidaridad y esperanza.
En su discurso dedicado a la paz, manifestó que, de acuerdo con la encíclica Magnifica humanitas: la guerra no nace únicamente de los conflictos entre estados, sino de una «cultura del poder», que impregna las relaciones humanas, la economía, la política, la tecnología e incluso la religión. Por esto, propuso reconstruir una cultura de cooperación y diálogo, promoviendo la participación de los laicos en la vida pública desde la doctrina social de la Iglesia.
La respuesta no violenta es una opción para afrontar los conflictos sin reproducir la lógica del odio. «Dios continúa abriendo caminos de reconciliación y de paz en la historia, debemos de recorrerlos con valentía y ayudar al mundo a reconocerlos». La renovación de la Iglesia depende del testimonio de comunidades capaces de vivir el Evangelio con credibilidad, expresó.
Al finalizar, pidió a la Virgen María su intercesión, para que nos ayude a custodiar la unidad en la diversidad y a servir el Evangelio de la paz con humildad, valentía y esperanza.
