7 de julio de 2026

Cuando la voluntad no alcanza

Te lo propusiste el lunes, madrugar, dejar el celular a un lado a la hora de la cena, salir a caminar por las tardes. Hoy, es jueves y fallaste.

Respira, no eres débil, eres humano.

La voluntad es como un músculo y, como todos, se cansa. Algunos le llaman “fatiga de decisión”, porque, desde que abrimos los ojos, empezamos a decidir: qué desayunamos, cómo nos vestimos, qué ruta tomamos, en fin.

Cada una de ellas nos quita energía y, ahí, es donde aparece el “mañana lo hago, no urge”, entre otras afirmaciones que nos hacemos, para justificar que comenzamos a postergar las tareas o propósitos.

Tropezar no es fracasar y avanzar no es tener voluntad de acero todo el tiempo, sino saber qué hacer cuando esa fuerza se acaba. La diferencia entre quien avanza y quien abandona no es quien cae menos, sino quien se levanta de nuevo sin culpa. 

Concluyo y comparto lo que leí alguna vez sobre este tema:

“Cuando sientas que no puedes más, no te exijas más. Descansa, ajusta, pide ayuda y retoma al día siguiente o en un par de días, pero desde donde te quedaste, no desde cero. La meta no es tener fuerza infinita o ser infalible, es volver a intentarlo, porque, para que la voluntad alcance, basta con que no te rindas”.

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