Continuando con las reflexiones sobre la Lumen Gentium, el Papa León XIV, nos comparte que “La caridad es el corazón de la santidad, a la que todos los creyentes estamos llamados” y reitera que es un don que hay que acoger con alegría y compromiso.
El camino hacia la santidad se ofrece a todos, consciente de que no se trata solo de un compromiso ético, sino de la esencia misma de la vida cristiana.
No es un privilegio para unos pocos, todos estamos llamados a la santidad y a la caridad. No es algo reservado a las élites, sino a todo el pueblo de Dios: “La santidad, según la Constitución conciliar, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender hacia la perfección de la caridad; es decir, hacia la plenitud del amor a Dios y al prójimo.
Todos los sacramentos, en particular la Eucaristía, contribuyen a la plena conformación a Cristo, “modelo y medida de la santidad”. Acertada la cita de San Carlos Acutis, que nos comparte el Papa: “Ante el sol, uno se broncea. ¡Ante la Eucaristía, uno se vuelve santo!”. La santidad, añade León, es una misión cotidiana que hay que llevar a cabo con una conversión continua.
El Papa expresó que la dimensión de la santidad va más allá de la adhesión a unas orientaciones morales, ya que la santidad constituye el ADN del ser cristiano.
León XIV cita a San Pablo VI cuando afirma que todos los bautizados deben “ser santos; es decir, verdaderamente hijos suyos, dignos, fuertes y fieles”, ensalzando la vida consagrada, que tiene un “papel decisivo”.
El Papa nos invita a contemplar de nuevo el sacrificio del Crucificado, a través del cual “¡todos somos redimidos y santificados!”. “No hay experiencia humana que Dios no redima: incluso el sufrimiento, vivido en unión con la pasión del Señor, se convierte en camino de santidad. La gracia que convierte y transforma la vida nos fortalece en cada prueba, indicándonos como meta no un ideal lejano, sino el encuentro con Dios, que se hizo hombre por amor”.
