Una Semana Santa muy santa, muy peculiar, con un inicio ya esperado y vivido: Domingo de Ramos. En esta Semana Santa, viviremos algo muy especial desde las entrañas del mundo, desde la experiencia íntima de Dios y de una Iglesia de salida. ¡Misterios de la vida de fe! Tendrá su hondura de amor y confianza. Este camino lo hemos hecho desde la ceniza a los ramos, de los ramos a la cruz: ¡ya la Semana Santa! largo camino litúrgico y de vida espiritual.
Esta Semana Santa, vivimos los contrastes propios del Domingo de Ramos: “hosanna, viva el que viene en el nombre del Señor”, “quítalo, crucifícalo”. Así de contradictoria es nuestra realidad: uno después de otro asumimos los dos gritos a Jesús. Misteriosa y dolorosamente, somos protagonistas de estos hechos.
Me identifico con el personaje del burrito del Evangelio del Domingo de Ramos: El Señor lo necesita, lo devolverá pronto; se lo llevarán a Jesús; le echarán encima los mantos; Jesús montará en él y será aclamado por la gente: “Bendito el que viene en el nombre del Señor”; después, no sabremos más de él.
De pocas cosas expresó Jesús tener necesidad: Una vez, dijo que no tenía dónde reclinar la cabeza. En otra ocasión, que su yugo era suave y su carga ligera. Se manifestó como quien había venido para dar vida y vida en abundancia. Ahora, necesita al burrito, para ser llevado en un momento cumbre de su vida.
Jesús pesa mucho, trae cargando sobre sí a la humanidad entera. Nada hay más lleno de sentido que llevarlo para que sea aclamado; la vida está llena de fuerza y alegría, al experimentar ser necesitado por Él; después, el silencio, el olvido, la vida ordinaria con la experiencia de ser único en el mundo.
Deseo llevar a Jesús, para que sea aceptado, reconocido como el Señor; el único que puede poner las cosas en su lugar; el que amó a los suyos hasta el extremo; el que es el Buen Pastor, Luz del mundo, Camino, Verdad y Vida; el hermano solidario de la humanidad.
Llevar a Jesús así es difícil, pero posible. Lo importante es cargar sobre mi lomo al Jesús prolongado en el enfermo; en el pobre; en los pecadores, para llenarlos de misericordia; en el descartado por la sociedad. Así conectarán con su corazón y descubrirán quiénes son, para qué fueron creados y quiénes son sus compañeros de camino. Esta es la manera concreta de acompañar a Jesús, que está con nosotros dando sentido a nuestra pasión desde su misma pasión. Amén
