28 de febrero de 2026

Entre el Tabor y el Calvario

“¡Qué fácil es ser cristiano!” si pensamos que ser seguidor de Cristo nos debería traer únicamente comodidades. Esas promesas del Paraíso de bendiciones y de prosperidad, claro que pueden animar a cualquiera para ser cristiano; al final de cuentas, cualquiera puede renunciar a todo cuando la promesa es de prosperidad. 

De hecho, muchos hermanos separados se dejan guiar por la llamada “teología de la prosperidad”, nacida del pensamiento calvinista, donde una muestra de ser salvo es el bienestar y prosperidad financiera en este mundo; y, basados en esa teología, dicen que ser seguidores de Jesús les ha traído mucha paz, pero también que les puede traer muchas riquezas o bienestar. 

Por otro lado, si bien es cierto que esas promesas nos pueden impulsar a crear un mundo más apegado a Cristo, no podemos dejar de lado que Jesús no nos mandó a predicar en medio de un mundo fácil, sino en medio de dificultades, de guerras y odio, justo para ser nosotros, sus seguidores, el factor de unidad y paz en el mundo. No nos mandó a estar todos pegados en el monte Tabor, donde se llevó a cabo la Transfiguración (Mt 17, 1-9; Mc 9, 2-10; Lc 9, 28-36), sino que nos mandó a ver y predicar al mundo desde el monte Calvario. 

E, incluso, como cristianos, nos es más conveniente mirar al mundo desde ese monte, porque así puede nacer en nosotros la empatía y el impulso de ver a cada crucificado del mundo y acompañarlo en su dolor, en su propio Viernes Santo, en su propia pasión y muerte. 

Cristo se quiso hacer carne con nosotros para inculturizarse, pero, también, para hacerse uno con nosotros, en nuestra naturaleza humana, y sentir lo que nosotros sentimos. Se abajó a nuestros dolores, porque también quería, y sigue queriendo, que lo abracemos, aun cuando nuestras coronas de espinas llegaran a clavársele, aun cuando nuestra sangre llegara a mancharlo, aun cuando nuestro llanto lo desgarrara. 

Y, si Dios mismo quiso hacer esto, ¿por qué no hacer eso también nosotros? ¿Por qué no seguir su ejemplo de abrazo? ¿Por qué querer estar solo en la gloria del Tabor y no en la pena de la Cruz en el Calvario? Ser cristiano no es sencillo, definitivamente, trae consigo un mandamiento de amor que nos llama a salir de nuestras comodidades, para construir el Reino de Dios para todos, pero, desde ese mandamiento, definitivamente podemos traer la paz que sintieron sus apóstoles en el Tabor. 

Que nuestra Semana Santa, próxima a vivirla, sea una actualización de este compromiso como cristianos y como católicos. No tengamos miedo a abrazar el Calvario, sin dejar de lado que nuestro objetivo es el Tabor. 

¡Ánimo Firme! ¡Qué viva la Cruz (viva)!

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