26 de enero de 2026

Todo está en ti

El Papa León XIV nos invita a reflexionar sobre cómo invertir el tesoro de nuestra vida, como dice el Evangelio en Lc 12,32-48: «Vendan sus bienes y denlos como limosna» (v. 33).  También, nos pide compartir los dones que Dios nos ha dado, con generosidad, para el bien de los demás, especialmente, de los más necesitados.  No solo las cosas materiales, sino nuestras capacidades, tiempo, afecto, presencia y empatía.

Compartir todo aquello que hace de nosotros un bien único, inapreciable, un capital vivo, palpitante, que, para crecer, requiere ser cultivado y utilizado, si no, se seca, se devalúa o termina perdido a merced de quienes, como ladrones, se apropian de él, para convertirlo simplemente en un objeto de consumo.

El don de la vida, recibido de Dios, necesita espacio, libertad, amor que trasforma y ennoblece cada aspecto de nuestra existencia, haciéndonos semejantes a Dios. No es casualidad que Jesús pronunció estas palabras mientras estaba de camino hacia Jerusalén, donde se ofrecería a sí mismo en la cruz para nuestra salvación.

Las obras de misericordia son el banco más seguro al que debemos confiar el tesoro de nuestra existencia, porque, como nos enseña el Evangelio, con “dos monedas”, incluso una pobre viuda puede convertirse en la persona más rica del mundo (cf. Mc 12,41-44), expresó el Papa.

El Papa nos comparte esto que decía San Agustín: «Si dieses una libra de bronce y la recibieses de plata, o la dieses de plata y la recibieras de oro, te considerarías feliz. Lo que das se transforma realmente; se convertirá, para ti, no en oro ni en plata, sino en vida eterna» (Sermón 390, 2). «Se transformará, porque te transformarás tú» (ibíd.).  

Podemos pensar en una mamá que abraza a sus hijos, ¿no es la persona más rica del mundo? O, también, en dos novios, cuando están juntos, ¿no se sienten un rey y una reina?  Por eso, en la familia, en la parroquia, en la escuela y en los lugares de trabajo, en cualquier lugar donde nos encontremos, intentemos amar.  Jesús nos pide estar dispuestos, sensibles con los otros, como Él lo está con nosotros en cada instante.

Al finalizar, León XIV nos invitó a confiar a María este compromiso. Que ella, la Estrella de la mañana, nos ayude a ser, en un mundo marcado por tantas divisiones, “centinelas” de la misericordia y de la paz, como nos enseñó san Juan Pablo II (cf. Vigilia de oración para la XV Jornada Mundial de la Juventud, 19 agosto 2000) y como nos han mostrado, de una manera tan hermosa, los jóvenes que fueron a Roma para el Jubileo.

https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2025/documents/20250810-angelus.html

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