2 de junio de 2026

Jesús resucitado vive en nosotros

El Evangelio de San Juan (13, 31-33, 34-35) nos narra un fragmento de la última cena, cuando el Señor instaura la Eucaristía y nos deja un mandamiento nuevo: Que nos amemos los unos a los otros, como Él nos ha amado y que, por este amor, se reconozca que somos discípulos suyos. 

Hoy, en estos tiempos complicados, me pregunto, ¿realmente se reconocerá a quienes somos sus discípulos, sus seguidores? Qué difícil parece ser el poder expresar con libertad que somos creyentes, que vivimos en la fe y la esperanza de ser cristianos. 

¿Qué es vivir como Jesús nos ha amado? Es poder dialogar sobre nuestras diferencias, con amor, con ternura, con paciencia, con empatía, con tolerancia, ante el que piensa diferente a mí. 

El Señor nos ha encargado una gran misión por la paz, por el respeto a nuestros hermanos, por el cuidado y la conservación del medio ambiente, para crear un mundo nuevo que nos brinde un futuro prometedor, en el cual podamos cifrar todas nuestras esperanzas. Pero, ¿cómo podremos lograr lo anterior? Creyendo firmemente que Jesús resucitado viene con nosotros, nos acompaña, camina y vive en nosotros. 

Es nuestra misión darlo a conocer a nuestros hermanos, a través de la vivencia de su palabra, de nuestras obras, de nuestros comportamientos y actitudes, que reflejen las enseñanzas que su vida nos dejó. 

Para poder hacerlo, necesitamos conocer a Jesús en la lectura diaria del Evangelio, que nos permita comprender ese gran legado y tener un encuentro personal con Él. Hacer vida en la que sea el Señor quien nos guíe en el camino el día a día, llenos de confianza, de certeza en lo eterno, en lo que no caduca, en lo que nunca se agota, en la verdadera felicidad y plenitud. ¡Que así sea! 

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