15 de marzo de 2026
persona parada sobre la nieve, sobre el acantilado viendo el amanecer

El invierno

Inicia el año, el invierno continúa, las temperaturas son mas bajas, días casi sin nubes, con un sol que quema, y, en la sombra, el frío que cala, mañanas frescas y noches heladas que hacen tiritar.

La vida es un ir y venir de situaciones que llegan, se van y, luego, regresan. Nuestra vida espiritual es también cíclica, la beata Conchita Cabrera contempla esta vida como estaciones del alma, que hay que vivir desde Cristo y María y en Cristo y María.

El invierno espiritual es, por un lado, un tiempo crudo en el que el Espíritu Santo poda, echa por tierra cariños, aficiones, raíces malas de vicios ocultos que impiden el fluir de la gracia, poda las almas, dándoles forma de cruz, cosecha para sembrar. Es la estación de las dudas, penas interiores, desamparos, amarguras y desolaciones. El alma, más bien, se recoge y la fe puede flaquear.

Por otro lado, en el invierno, se vive el amor más sólido, puro, desinteresado, generoso, de abandono a la voluntad de Dios, un tiempo de purificación en el que el alma se deja hacer.

Es la época en que se ejercitan y crecen las virtudes, toman cuerpo y fuerza para no tambalearse en el dolor. De la poda, solo persiste un fruto: Jesús, el dueño de la cosecha. El Espíritu Santo es el jardinero de las estaciones, que no se cansa en su trabajo por hacer de nosotros tierra fértil, quiere nidos de santidad.

Si hoy es tiempo de invierno en nuestra vida y el alma está padeciendo, vayamos al Sagrario abracémonos de la cruz, nunca el alma es más de Dios, es “tiempo propicio” para ofrecernos, junto con Jesús, por la salvación de las almas. Escribe Conchita, “quememos a los pies de Jesús toda la leña de la poda, viéndola arder, adoloridas, pero, al mismo tiempo, consoladas, por ser incienso, esos pedazos de corazón para el Amado”.

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