Hay personas que, con el paso de los años, dejan de ser simplemente parte de nuestra historia para convertirse en parte de nuestra familia. Para nosotros, el Padre Alfredo Ancona es, sin duda, una de esas personas.
Con profunda alegría y gratitud queremos unirnos a la celebración de sus 40 años de su Ordenación Sacerdotal, aniversario celebrado el 5 de septiembre de 2026 y que representa mucho más que el paso del tiempo. Son el reflejo de una vida entregada a Dios, a la Iglesia y al servicio de los demás; de cuatro décadas de fidelidad a una vocación, ejerciendo el ministerio sacerdotal con generosidad y compromiso.
Nuestras familias han tenido el privilegio de conocer al Padre Alfredo durante muchos años. A lo largo de este tiempo hemos podido apreciar no solamente al sacerdote, sino también a la persona: alguien cuya presencia, amistad y acompañamiento han dejado una huella especial en nuestras vidas.
Cuando pensamos en estos 40 años de sacerdocio, resulta inevitable reconocer todo lo que significa una vocación vivida durante tanto tiempo. Ser sacerdote incluye estar dispuesto a acompañar a las personas en los momentos más importantes de sus vidas: compartir sus alegrías, sostenerlas en los momentos difíciles, escuchar, orientar y, sobre todo, acercarlas a Dios. Es una tarea que exige entrega, paciencia, humildad y una profunda confianza en la fe.
Para nuestras familias y comunidad, este aniversario es también una oportunidad para decirle gracias. Gracias por los años de amistad, por su cercanía y por formar parte de nuestra historia. Gracias por el testimonio de una vida dedicada al servicio y por recordarnos, a través de su vocación, la importancia de vivir la fe no solamente con palabras, sino también con nuestras acciones y con la manera en que acompañamos a los demás. Gracias también por las innumerables historias, personas y comunidades que han sido tocadas de alguna manera por su camino vocacional.
Padre Alfredo, hoy celebramos no solamente su aniversario, sino el regalo que ha significado su vocación para tantas personas. Celebramos su perseverancia, su entrega y todos los frutos de estos 40 años como sacerdote.
Pedimos a Dios que continúe acompañándolo, que renueve cada día su fortaleza y su alegría, y que le conceda muchos años más para seguir siendo instrumento de Su amor y de Su palabra.
Con enorme cariño, admiración y gratitud, felicitamos al Padre Alfredo Ancona por estos 40 años de sacerdocio.
Que Dios lo bendiga siempre.
