El estrés es la respuesta física y mental del cuerpo que supera los recursos habituales de la persona, frente al trabajo bajo presión, a una demanda laboral o personal, a una situación desafiante, a la presión social cotidiana o a un conflicto familiar entre otros.
Los síntomas más comunes son: dolores de cabeza, tensión muscular, problemas para dormir, cansancio constante, mareos, ansiedad, irritabilidad, baja tolerancia a la frustración, malestar estomacal, falta de concentración entre otras.
Una dieta antiestrés incluye alimentos ricos en magnesio, omegas 3, 6 y 9 y vitaminas del complejo B, para calmar al sistema nervioso.
Recomendaciones:
Alimentos ricos en omega 3, 6 y 9: El salmón y las sardinas aportan omega 3, que actúa como antiinflamatorio natural para el cerebro. Aceites vegetales y semillas oleaginosas, como almendras y nueces, que contienen omega 6 y aceite de oliva, aguacate y avellanas, por su contenido de omega 9.
Las vitaminas del complejo B: Se encuentran en el huevo, pescado, carne y lácteos. Verduras de hoja verde: las espinacas y acelgas contienen magnesio para relajar los músculos y los nervios.
Plátanos: Contienen potasio y magnesio.
Chocolate negro: El cacao, al 70% o más, reduce la tensión y estimula la calma.
Hábitos y alimentos que se recomienda evitar:
Cafeína en exceso: El café, los refrescos de cola y las bebidas energizantes aumentan el nerviosismo y elevan el cortisol.
Azúcares refinados: Los postres, dulces, aguas de sabor azucaradas, jugos de fruta naturales o industrializados, provocan subidas y bajadas rápidas de la glucosa en sangre, que empeoran la ansiedad.
Comer con prisa: No saltarse comidas ni comer de forma apresurada, ya que esto estresa más al cuerpo.
Evitar discusiones a la hora de comer y agradecer siempre a Dios por los alimentos que se llevan a la mesa, que se pueden disfrutar de manera personal, en familia o con amigos.
Fuente: Nutriología Medica 2024.
