6 de febrero de 2026

LA ESPIRITUALIDAD DEL HERMANO ALFONSO, SUS VIRTUDES CRISTIANAS 

 

LA ESPIRITUALIDAD DEL HERMANO ALFONSO, SUS VIRTUDES CRISTIANAS 

El hermano Alfonso, durante su noviciado, «aprendió a ser santo» y lo aprendió «bien», no para salvar una apariencia que debía sostener durante esos dos años, dado el intenso ambiente de fervor que le rodeaba, sino que aprendió a ser santo a fondo; es decir, para toda su vida, hasta su muerte: lo «bien» aprendido nunca se olvida. 

Hablaremos de la espiritualidad del hermano Alfonso, su semblanza espiritual, sin atarnos a fechas o lugares. La espiritualidad de una persona no es fruto del trabajo humano, es la obra de Dios, ya que el Señor es quien toma la iniciativa de comunicar su vida divina a alguien. Nadie es capaz de penetrar profundamente, con su limitada inteligencia, en esta obra realizada por Dios; tan solo la adivinamos, a través de señales exteriores. Fuera de Dios, hay una persona que puede conocerla con certeza: es el Director Espiritual. Él es el único que, guiado por la luz del Espíritu Santo, puede darse cuenta y «tocar» la divina obra de arte hecha por la gracia en un alma. 

El verdadero «Guía Espiritual» de los cristianos es exclusivamente el Espíritu Santo, porque es el único que puede hacernos vivir como «hijos de Dios». Él es quien «da el querer y el poder», «perdona los pecados», limpia de las manchas e imperfecciones, nos muestra el ideal, nos impulsa a seguirlo, nos une con Dios en la oración y en el amor… en una palabra, es quien nos hace vivir la filiación divina. Este Divino Espíritu suele realizar todo esto, tomando como su instrumento al «director espiritual» influyendo en él, dirigido con sus palabras y ejemplos (dirección espiritual oral) o por sus escritos (dirección escrita). 

Desde que inició su vida espiritual, el hermano Alfonso tomó, como director espiritual, al P. Félix Rougier, desde el 10 de agosto de 1917, hasta que este falleció, el 10 de enero de 1938. Fueron 20 años en que el P. Félix conoció, con luz sobrenatural, a su dirigido, vio lo que Dios quería de él, clarificó su camino y lo orientó hacia la santidad. 

Alfonso procuraba que su dirección espiritual fuera oral, pero las circunstancias de cambios de residencia hicieron que, por largas temporadas, fuera por escrito. Algo providencias, porque ahora, asomándonos a esa correspondencia activa, podemos enterarnos algo de la espiritualidad del hermano Alfonso. 

¡Lástima que no se tenga completa la colección de estas cartas de dirección, ni las del 

hermano, ni las del Padre Félix! Hay evidentes lagunas. 

Continuará…9 

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