8 de julio de 2024

Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad 

El credo

En los números anteriores, profundizamos en la divinidad de Jesucristo. Como expresamos en el Credo, Él es Hijo de Dios, engendrado desde la eternidad y de la misma naturaleza del Padre y, por tanto, es Dios verdadero. Ahora bien, esto presenta una problemática: ¿cómo puede ser que Jesucristo sea Dios e Hijo de Dios? ¿No se contradicen estas dos verdades?  

Esta interrogante se planteó, desde el inicio del cristianismo y, como siempre, suscitó teorías equivocadas. Una de ellas planteaba que Dios Padre, Dios Hijo y, en consecuencia, también el Espíritu Santo, en realidad, eran seres divinos distintos; o sea, tres dioses (triteísmo). La hipótesis opuesta era que Dios era solo una persona divina, que simplemente se nos ha manifestado de distintos modos o apariencias (modalismo). 

Estas dos herejías contradicen verdades fundamentales de lo que Dios ha revelado sobre Sí mismo. Si aceptamos que solo existe un único Dios, que Jesucristo es verdadero Dios y es Hijo de Dios Padre, entonces, Dios es más de una persona. Así, el misterio de Jesucristo apunta al misterio de la Santísima Trinidad. 

Para entender mejor, pensemos en la idea de un padre y un hijo. Estas palabras nos hablan de una relación. Un padre solo lo es si tiene hijos; un hijo procede de sus padres. De hecho, cualquier persona es persona para otros; el amor trasciende la individualidad. El infinito amor de Dios sobrepasa nuestra distinción entre lo singular y lo plural. Entonces, las tres personas de la Trinidad se identifican por su íntima relación de amor, por el cual están eternamente unidas en una sola divinidad. 

Jesucristo procede de Dios Padre; es el amado, el enviado, quien lo comunica a toda la creación y hace Su voluntad. Así oró por nosotros: “Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste” (Jn. 17:21). Pidamos, a Nuestro Señor, ser dignos de unirnos a ese infinito amor de la Trinidad. 

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