Hace muchos años, nació un niño muy especial que, al crecer, se convirtió en el hombre más grande de todos los tiempos. Llegó a ser el hombre mas sabio que haya vivido en la Tierra. También, fue el mejor maestro, explicaba las cosas de manera que todos pudieran entenderlo, siempre, desde la propia vida.
Jesús enseñaba a las personas en todo lugar: en el templo, en la barca, a la orilla del mar, en las casas y cuando andaba por los caminos. No tenia distinción, sus enseñanzas eran para todos, para los que se sentían débiles, los enfermos, los pecadores, para hombres, para mujeres. Con cada palabra, era capaz de transformar los corazones de quienes lo escuchaban, había algo tan especial en ellas que, hoy, después de tantos años, sigue tocando vidas.
Su amor pedagógico conmueve, porque está hecho de vida. Nos enseñó la importancia de trabajar en equipo, eligiendo el suyo, no con las mejores cualidades sino con lo que Él veía era su corazón, su disponibilidad de querer cambiar. Optó por 12 discípulos, que fueron de lo ordinario a lo extraordinario; enseñó a no juzgar a los demás, sin antes ver la propia vida; a compartir lo que tenemos con los demás, aunque fuera poco. A los que tenian alguna autoridad, les mostró el camino del servicio; enseñó la importancia del perdón, de la reconciliación con nuestro hermano; a tener una comunicación con Dios, a través de la oración. Jesús no solo enseño con palabras sino con sus acciones. Por esta razón, las personas se maravillaban con su doctrina, pues era alguien diferente, sentían confianza, pero también firmeza en lo que predicaba.
Su manera de vivir era muy sencilla, con una gran sabiduría en cada conversación que tenía, en las respuestas a las preguntas que le realizaban; algunas de ellas queriendo señalarlo en alguna falta. Había una gran disposición hacia los demás, de manera que sus palabras tocaban la vida de quien lo escuchaba, con una fuerza especial. Su mensaje confrontaba a cualquier persona, pero también era bálsamo para un corazón confundido, atribulado. Guiaba al desorientado, daba esperanza al que tenía un corazón triste, una sola mirada tenía una gran fuerza.
Nosotros estamos invitados a transmitir todo esto, no solo con nuestras palabras, sino viviendo el testimonio diario de aquello que queremos dar a conocer, la manera como queremos expresarnos para que llegue el mensaje.
Agradezcamos a aquellas personas que han sido parte de nuestra formación espiritual y como personas. Todos estamos llamados a ser constructores de un nuevo mundo, en lo que nos desempeñamos, sin importar nuestra profesión.
Hoy, muchos siguen las enseñanzas de Jesús. Este estilo de vida, que debemos transmitir de generación a generación. Que el maestro de maestros sea un gran ejemplo para nuestra vida.
