3 de noviembre de 2026

Silencio, Eucaristía y Sacerdocio

Cada año, tengo la oportunidad de hacer ejercicios espirituales y de vivir la experiencia de entrar en contacto con la naturaleza, con el canto de los pájaros, contemplar el atardecer de cada día, disfrutar del silencio y del poder dedicar más tiempo a la reflexión.

Todo esto me ayuda a centrarme en el nombre de mi congregación, “Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad”, y detenerme durante esos días en el aspecto Eucarístico, que me conecta directamente con el espíritu sacerdotal, pues van de la mano, la Eucaristía y el Sacerdocio.

Mi nombre en la vida religiosa es Rosa María de la Eucaristía, así que esos días son una nueva oportunidad para meditar la invitación de Dios, a través de mi nombre, vivir en, para y por la Eucaristía. 

La última vez, elegí algunos temas de los Ejercicios Espirituales del P. Pablo Ma. Guzmán, que me fueron llevando a profundizar lo que implica la frase «Hacer de la Misa una vida y, de mi vida, una Misa”.

Me doy cuenta de que Jesús me invita a dar gloria al Padre y a tener una actitud de escucha a las mociones del Espíritu Santo, tanto en los momentos de la adoración Eucarística, como en los momentos de la vida diaria. 

Doy gracias a nuestro Dios y a mi comunidad M.E.SST, que cada año me brinda la oportunidad de hacer ejercicios espirituales para vivir mi vocación de una manera renovada y que, así, todos los momentos de mi vida diaria sean alimentados por la Espiritualidad de las Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad. 

¡Bendito sea Dios que resucitó a su Hijo, a Jesús, que se quedó en la Eucaristía de cada día y a los sacerdotes de toda la tierra, que, fieles al mandato de Jesús, nos atienden diariamente con este sacramento de amor!

¡Bendita oportunidad para el encuentro con Cristo, como Pan de Vida y con los sacerdotes que nos atienden en nuestras comunidades!

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