6 de febrero de 2026

Cenizas descartadas 

Este 18 de febrero, nuevamente, como cada año, nos adentraremos al periodo más reflexivo que podemos tener en la Iglesia: la Cuaresma. Este tiempo nos prepara no solamente para vivir la Semana Santa y encontrarnos más preparados para celebrar la pasión, muerte y resurrección de Cristo, sino que, también, sirve como un periodo de reflexión para nuestras propias vidas. Este tiempo nos brinda la oportunidad de, como Jesús (Mt 4, 1-11), adentrarnos en nuestro desierto interior y enfrentarnos, tanto a las tentaciones externas que nos pone el tentador, como a nuestras propias inclinaciones internas.  

Ante este tiempo, en el que estamos por adentrarnos, considero muy conveniente recordar al Papa Francisco, quien, durante todo su pontificado, nos recordó que los cristianos tenemos una labor misionera que no se limita a las misiones que varios grupos harán esta Semana Santa, sino que invita a las personas a ir a las periferias existenciales, acompañar a aquellos que se sienten solos o desprotegidos, para darles testimonio de que la misericordia de Dios también llega a ellos. 

Este Miércoles de Ceniza, que inicia la Cuaresma, recordemos que, sobre nuestras cabezas, nos impondrán cenizas de palmas del Domingo de Ramos del año pasado y notemos el símbolo que ellas pueden traer este año. Son palmas descartadas a las que la Iglesia ha querido rescatar, para hacerlas el símbolo principal de estos días.  

Asimismo, vayamos a las periferias existenciales, tanto ajenas como propias, y atrevámonos como Iglesia a rescatar a esas cenizas descartadas de nuestros prójimos, al que la cultura de la muerte y del descarte ha querido ocultar.  

Atrevámonos a tocar las realidades dolientes que Cristo acompaña más cercanamente y tengamos el valor de buscar la restitución de nuestros hermanos (o incluso de nosotros mismos), no como un acto ideológico, ni como un acto político, sino como un reconocimiento a la dignidad que todos los seres humanos tenemos como hijos de Dios.  

Tengamos el valor de rescatar a esas cenizas descartadas, para volverlas a poner en el centro, junto a Jesucristo, y ser así, también, cooperadores de la misericordia de Dios.  

¡Ánimo firme! ¡Qué viva la Cruz (descartada y restituida)! 

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