26 de enero de 2026

La vida que nos trae amor y salvación

El camino del final del tiempo, el camino que siempre nos conduce al portal de Belén, en una noche de invierno, donde nace el que transforma la historia de la humanidad, no por falta de riquezas o poder, sino por hacerse igual al común de los hombres, al acompañarnos y compartir la vida desde su realidad. Al poder conocer y sentir todo lo que acontece al hombre, durante su vida, puede hacerla propia de Dios, santa y motivo de santidad.

Jesús, siendo Dios, causa de todo lo que existe en la tierra, por amor a lo creado y, sobre todo, por amor al hombre, lo hace presente. Él es quien, siendo obediente al Padre y por deseo propio, impulsado por su gran amor a la humanidad, se convierte en hombre para poder vivir como uno de nosotros a partir de su propia historia: desde su concepción hasta su muerte. 

De tal manera que este tránsito por la vida no fuera un camino de derrota y perdición, sino de santificación: aceptando la vida cotidiana fuera de cualquier reconocimiento o privilegio, pero, también, alejado de cualquier penuria y sometimiento, en la medianía del hombre normal, siendo uno más…   

Al vivir como cualquiera de nosotros, transitando por su propia historia, nos enseña cómo, con nuestra propia vida, podemos mantenernos en un camino común de santidad. Su legado, el signo de salvación que Dios nos da:  la cruz que hace que Su muerte sea el sacrificio único y suficiente para el perdón de nuestros pecados, siempre que haya arrepentimiento, fe y apertura a la gracia que da al que lo recibe.

El portal de Belén esconde el secreto de la riqueza de Jesús, pues nunca le faltó nada, porque el mundo se entregó a Él, dotándolo de aquello que necesitaba. Ese pequeño niño es la vida que rompía el dolor y la soledad que se vivía, para que, gozando de esa alegría que nos ha traído desde el principio de sus tiempos, todos encontremos la paz, la comunicación y  la cercanía de los demás.

Deja un comentario