26 de enero de 2026

La película empezada

Celia cuelga el teléfono y sonríe — Era mi hijo — explica —. Quería saber cómo cocinar las castañas que compró esta tarde. Acabamos de conocernos y el ritual de las castañas, se convierte en el centro de nuestra conversación.casi como si estuviéramos dentro de una película.

Ni ella ni yo sabemos cómo cocinarlas. Hace apenas unos días, yo le hice la misma pregunta a mi abuelo. Lo recuerdo claramente… mi mamá, mi abuelo y yo rodeamos la esquina del parque, donde él jugaba con sus hermanos durante los veranos, y nos detuvimos en un puesto que inundaba la acera con el olor tostado del fruto. Mi abuelo y yo las pelamos juntos dentro del cucurucho de papel. El calor que escondían enrojeció nuestros dedos mientras caminábamos. 

Regresar con tu abuelo al lugar de donde vino su familia te permite comprender mejor su manera de ser. Y darte cuenta de lo fácil que es olvidar que ellos crecieron en otro mundo. Por algo, todavía prefieren marcar por teléfono que escribir un mensaje. A los textos, les dicen “correos” y, cuando mandan una foto, creen que desaparece de su carrete.

Otros tiempos – dicen – una y otra vez, para describir lo que no entienden de las nuevas generaciones. Nosotros — quienes nunca usamos una guía telefónica o rebobinamos un casete — somos, para ellos, un misterio similar.

Como escribió Tamara Tenenbaum, la nostalgia es una forma de decirle a la gente joven que nunca van a entender el mundo, porque se perdieron la mejor parte, la primera media hora de la película, donde se explicaba todo.

Y es que sucede que llevas toda tu vida escuchando historias que te cuenta tu abuelo sobre quién es, cómo creció, quiénes eran a la vez sus abuelos. Y, así, en tu mente, se crea un rompecabezas perfectamente armado y barnizado sobre quién es él.

Pero, cuando convives con él, rodeado de gente de su generación, de repente, una pieza de ese rompecabezas ya no encaja bien. Simplemente entiendes que tu abuelo no nació siendo abuelo. Y le ves con sus amigos, contando otro tipo de anécdotas sobre su adolescencia… 

Escucharlos es como mirar la película empezada: todo tiene sentido para ellos, aunque a ti se te escape el contexto. Se crea una especie de instante suspendido, como si el pasado se hubiera detenido a saludarte, antes de volver a marcharse. Por eso, incluso después de conocer más capas de la historia escondida bajo su abrigo, él sigue siendo, ante todo, mi abuelo y es su historia la que ilumina la pantalla.

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