26 de enero de 2026

Soltar el dolor y perdonar

Este año, recibí una llamada que me sacudió profundamente.  Una amistad de hace años, a la que no había visto desde hace mucho, me explicó algo inesperado: con motivo de una enfermedad muy fuerte, había estado revisando y reflexionando sobre su vida y me llamaba para pedir perdón.

Estaba completamente sola en el hospital, sin familia que lo acompañara y había empezado a repasar su vida. Me insinuó que, tal vez, este año sería el último para ella. Se había dado cuenta que me había causado mucho dolor y sufrimiento durante aquellos años.

Desde mi formación cristiana, le aseguré que la perdonaba, que todo quedaba atrás. Conversamos un momento y nos despedimos. Lo que más me impactó fue que, aunque me resultó relativamente fácil pronunciar las palabras “te perdono”, fue mucho más difícil hacerlo internamente y soltar de verdad el dolor.

¿Acaso había dejado realmente atrás el dolor y el sufrimiento causado?  El secreto del perdón está en comprender que las personas lastiman porque ellas, a su vez, están heridas. El perdón está en la capacidad de identificar lo que hay de bello en su interior y sus virtudes; sus acciones pueden ser terribles, pero ellos no deben ser definidos por sus errores.

Mejor apreciarle por lo que realmente es: un ser humano creado a imagen de Dios, amado por el Señor, con virtudes y cualidades únicas. Salvo excepciones inexcusables, casi siempre se puede encontrar un lugar para la comprensión y el perdón, mirar más allá de sus acciones,

Un sacerdote me hizo ver la importancia del perdón, inclusive para uno mismo, porque, al perdonar, nos liberamos de lo que hemos guardado en nuestro interior y nos lastima. 

Necesitamos preguntarnos: ¿qué puedo ver de bello en esta persona? ¿Qué puedo ver de puro y divino en ella? ¿Cómo puedo comprender que lo que me hizo no refleja quién es en realidad? Solo cuando busquemos estas respuestas habremos empezado a recorrer el camino del perdón, que, a veces, es tan difícil. 

Pidamos a nuestra Madre, María Santísima, a través del Rosario, que nos ayude, nos encomiende a Dios; que tengamos la sabiduría y el coraje de perdonar a los demás. Nosotros  también necesitamos el perdón de nuestros hermanos y de nuestro Señor.

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