26 de enero de 2026

Haciendo comunidad en la Iglesia

Como hijos de nuestro Señor, acudimos al templo sagrado para escuchar su palabra, elevar nuestras oraciones y fortalecer nuestra fe. En cada misa, nos unimos para pedir perdón por los pecados cometidos, agradecer los dones recibidos y reflexionar sobre la presencia de Dios en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, la vida cristiana no se limita únicamente a asistir a misa; va mucho más allá. Ser parte de la Iglesia significa también vivir en comunidad, compartir, servir y construir juntos el Reino de Dios desde nuestras realidades.

En torno a la parroquia existen múltiples agrupaciones y ministerios cuyo propósito es precisamente ese: hacer comunidad. A través de sus actividades, buscan fortalecer la fe, fomentar la fraternidad y promover la acción solidaria entre los fieles. Cada grupo, desde su carisma particular, contribuye a que la Iglesia sea un espacio vivo, cercano y comprometido con las necesidades espirituales y materiales de los demás.

El pasado domingo 19 de octubre, en la explanada de nuestra Parroquia de la Santa Cruz, se llevó a cabo un evento muy especial en el que todas estas comunidades parroquiales se reunieron para compartir con los asistentes de la Santa Misa los objetivos, misiones y valores que las inspiran. Durante la jornada, los fieles pudieron conocer más sobre las actividades, pláticas, grupos de oración y servicios que cada ministerio ofrece, así como recibir una cordial invitación a integrarse y participar activamente en alguno de ellos. Fue un encuentro lleno de fe, alegría y espíritu fraterno, donde se respiró el verdadero sentido de ser Iglesia viva y unida.

Entre las agrupaciones participantes destacaron los grupos de catequesis, que con gran dedicación se encargan de acercar a los más pequeños a los sacramentos y a la enseñanza de Cristo. Su misión es formar corazones abiertos al amor de Dios, preparando a los niños y jóvenes para recibir con conciencia y devoción los dones del Espíritu Santo. A través del testimonio y la enseñanza, los Catequistas Parroquiales de la Santa Cruz ayudan a las familias a fortalecer su fe y a vivir conforme al Evangelio.

También estuvieron presentes los voluntariados parroquiales, como Las Voluntarias Vicentinas, que se distingue por su labor de servicio hacia los sectores más vulnerables de la comunidad. Su objetivo es llevar consuelo, esperanza y ayuda material a quienes atraviesan momentos difíciles, recordando que servir al prójimo es servir a Cristo mismo. Con acciones concretas, estos grupos hacen visible el amor de Dios en los corazones de los necesitados, ofreciendo no solo bienes materiales, sino también una palabra de aliento, una oración o una compañía fraterna.

Los grupos de oración, las actividades de los scouts y los retiros espirituales son hoy un reflejo vivo de cómo la fe une a las personas entre jóvenes y adultos, más allá de las paredes del templo. En cada encuentro, los fieles se reúnen no solo para compartir la palabra de Dios, sino también para fortalecer lazos de amistad, solidaridad y esperanza.

Estas experiencias se convierten en espacios donde el amor cristiano cobra forma tangible: se escucha, se comparte y se vive. A través de ellas, los participantes descubren que la fe no es un acto individual, sino una construcción colectiva que se alimenta del testimonio y la entrega mutua.

A través de las exposiciones y testimonios de los ponentes, se ha puesto de manifiesto la profunda influencia espiritual de la Beata Concepción Cabrera de Armida, una mujer cuya vida y obra siguen iluminando el caminar de los fieles más de un siglo después.

Su entrega total a Dios y su incansable amor por la Iglesia dieron origen a las Cinco Obras de la Cruz, fundadas a partir de 1895, que hoy continúan siendo fuente de inspiración y servicio para miles de creyentes alrededor del mundo. Estas obras nacidas del silencio de la oración y de la acción movida por el Espíritu han transformado corazones, fortalecido vocaciones y renovado la vida cristiana en comunidad.

Las pláticas con las agrupaciones participantes llegaban a un punto en común, que la vida de Conchita, como cariñosamente se le conoce, es un ejemplo de fe profunda y amor redentor. Su testimonio invita a descubrir que la santidad no está reservada para unos pocos, sino que es un llamado universal a vivir el Evangelio con plenitud en medio del mundo.

Hoy, más que nunca, el mensaje de la Beata Concepción Cabrera sigue resonando en el corazón de la Iglesia: amar y ofrecer cada acción, cada sacrificio, cada momento de vida, por la salvación de las almas. Un legado que, sin duda, seguirá dando frutos abundantes para las generaciones futuras.

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