Un sacerdote joven fue a Taiwan, estaba angustiado porque no encontraba vocaciones. Salió a dar un paseo y, allí, tuvo una moción de Dios que le decía: “No te pido vocaciones, quiero que, adonde estés, lleves paz y alegría: eso basta”, esto lo serenó por completo.
Enfocar nuestra vida, en función de lo que los demás piensen de nosotros, es un error, fuente de sufrimientos inútiles y de pérdida de paz. Es lógico que procuremos que la gente tenga una buena opinión de nosotros, pero hipotecar nuestra existencia a ese objetivo es una frivolidad. Poca estima tendría quien se juzgara según el criterio ajeno.
La persona madura y realista no se sorprende de que la vida tenga dificultades. Una persona optimista que conocí decía que, al ver un obstáculo, pensaba: “Este me lo salto yo” y, efectivamente, siempre salía avante.
La voz humana pesa en el ánimo de los demás. La palabra puede ser bálsamo, luz, poesía, gozo, compañía, ilusión, cariño. El silencio también puede serlo, el alma se siente abrigada por pensamientos de paz. Solo en un clima de silencio interior es posible oír la voz de Dios, entretenerse con Él y captar las exigencias de su amor.
Exagerar, dramatizar, descalificar, considerarnos mártires e incomprendidos, abandonados a un destino adverso, es el mecanismo de defensa para obtener la razón. El victimismo se convierte en una actitud ante la vida. Evitemos echarle la culpa a los demás de lo que nos sucede, seamos responsables de nuestros actos.
La gente juzga, evitemos la división y el enfrentamiento. El ser humano siempre puede redimirse cuando abre la puerta de su voluntad. Lo más importante en la vida es amar y perdonar; callar, comprender y disculpar es lo que hace un corazón noble y agradecido.
“Al final de nuestra vida, una vez que hayamos alcanzado a Dios, nos daremos cuenta de que no existió nunca problema alguno” (C.S.Lewis). Los escolásticos decían: La virtud es el hábito de obrar bien y, el vicio, el hábito de obrar mal.
La Madre Teresa de Calcuta nos dejó escrito:
El fruto del silencio es la oración
El fruto de la oración es la fe
El fruto de la fe es el amor
El fruto del amor es el servicio
El fruto del servicio es la paz.
